
En 1971, el triplista cubano Pedro Pérez Dueñas encajó sus pinchos en los 17.40 metros para convertirse en el primer recordista mundial de la Isla. Foto: Internet.
A veces, las cosas pequeñas, las diferencias mínimas pueden representar mucho, una mirada, un segundo, un centímetro. Pueden significar tanto como un salto a la historia.
Y si alguien tiene duda de esto puede remitirse al 5 de agosto de 1971, en Cali, Colombia, sede de los VI Juegos Deportivos Panamericanos.
En tierras cafeteras, el triplista cubano Pedro Pérez Dueñas encaja sus pinchos en los 17.40 metros para convertirse en el primer recordista mundial de la Isla, superando por un centímetro la marca del ruso Víctor Saneyev.
Un resbalón del caribeño en el primer salto permitió al europeo mantener unos minutos más la marca del orbe, pero, en el segundo brinco, el natural de Pinar del Río dejaría su huella en los anales del atletismo.
La mente en blanco, los ojos fijos a la pancarta de anuncios y unos segundos después, ¡nuevo récord del mundo¡ Salto directo a una reducida lista de hombres afortunados, nadie jamás lo había hecho. Nunca alguien voló tan lejos.
A pesar de esto, la medalla olímpica nunca llegó al cuello de Pérez Dueñas. Las lesiones no le permitieron grabar su nombre entre los dorados del olimpo.
Un lugar 24 en la cita de Múnich 1972 y una cuarta posición en Montreal 1976 dejaron sin motivación al atleta, quien con solo 27 años dijo adiós al deporte activo.
Quizás las dolencias que lo privaron de la gloria olímpica, lo llevaron a convertirse durante casi 30 años en médico del equipo nacional de atletismo.
Es difícil imaginar un recordista universal divagando en el olvido. Quedar excluido de los 100 mejores atletas del siglo XX. Ese fue un duro golpe para Pedro Pérez Dueñas, quien en ocasiones ni siquiera es reconocido por los atletas.
Un día saltó a la historia, pero después no siempre fue tenido en cuenta como se debía. En la actualidad apenas asoma borrosa en la memoria de algunas personas la imagen de aquellos pinchos que llegaron a los 17 metros con 40 centímetros.
No obstante, el recuerdo de familiares y amigos y el homenaje que en ocasiones le tributa alguna reseña es la verdadera medalla del campeón.
