
Foto: Cubahora
A menudo se dice que el sida no tiene rostro, sin embargo, detrás de las cifras de personas afectadas con el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) se encuentran historias singulares, diferentes y conmovedoras.
Cada una de ellas muestra en sus relatos las vivencias, anhelos e intereses de personas que, aunque son portadoras de la infección, no han renunciado a la vida, así como Alexander, quien hoy nos cuenta la suya.
El sida sigue ahí, no ha desaparecido y tampoco ha disminuido; es notable como pierde protagonismo ante otras epidemias, pero continúa afectando a millones de individuos en el mundo.
La historia de Alexander es una lección de vida y uno de los tantos ejemplos de personas que en Cuba conviven con el VIH.
