Cuando Alicia Alonso tomó su valiente decisión de aceptar el reto del rol protagónico de la obra Giselle, después de año y medio inmóvil en una cama, jamás pensó que el binomio Alicia-Giselle duraría para siempre y pasaría al umbral de las más famosas leyendas del ballet de nuestro tiempo.






