Fredrika Bremer arribó a La Habana el 31 de enero de 1851 y de inmediato redactó la primera de sus cartas desde El Caribe. Sintiéndose deslumbrada por la naturaleza insular y bajo ese hechizo escribe: “Estoy sentada bajo el claro y cálido cielo, y las hermosas palmeras del trópico (…)”.






