
Kid Tunero (Derecha). (Foto: tigresdelcuadrilatero – WordPress.com)
De fuerte complexión, al usarla va tirando el joven Evelio Mustelier, que llegó al planeta el 19 de mayo de 1910, en Las Tunas, entonces región de Cuba, hoy una de las provincias en la que se multiplicó Oriente. Mírenlo fajado con tremendos bultos y valijas de correo del Ferrocarril Central. Desea salir adelante y se muda para Holguín, en el mismo territorio oriental, actualmente con categoría provincial también.
No es tanta la mejoría. Observe los sacos de azúcar que carga en la carretilla, una y otra vez, en el central San Germán: al acercarse a las doce del día, le parece que lleva en el vehículo la Sierra Maestra. En muchas ocasiones, un jarro de agua con azúcar trata de mitigar su apetito. “Compadre, con esa fuerza que tienes, ¿por qué no prefieres sudar batido entre las cuerdas? Va y llegas a buena altura”, le aconseja un amigo.
Oyó la sugerencia: comienza su labor en ese mismo poblado, (hoy Urbano Noris), ante un rival con más experiencia pero con menos potencia y el novato no cree en la veteranía del boricua Nero Chink y lo envía hacia la tonga por decisión cual si fuera una caña cortada. Dos peleas más e igual alegría para él. Emprendedor, confiado en sus condiciones, hacia la capital en busca de bolsas más generosas.
En el encerado del Miramar Garden actúa en ocho encuentros y emerge por la puerta ancha en seis. Se despide de La Habana con victoria sobre Battling Llanos (14-5.1931) en estadio de La Polar y se lanza a buscar fortuna en Europa.Ya está en Barcelona el 26 de agosto y comienza su cadena de triunfos: 14 victorias y un empate.
No son mariposas sus derrotados, entre ellos los italianos Clemente Moroni y Giuseppe Reguzzoni, el último, as de los 75 kg del Estado de Michigan. Las tablas con el hispano Ignacio Ara, quien llegó a ser campeón de ese peso en el Viejo Continente. París. Buen inicio: empata en diez ante John Anderson, poseedor de gran punch. Llega un salto enorme: Palacio de los Deportes, 16 de enero de 1933, supera a Marcel Thill, campeón mundial de los 75 kilos, versión de la National Boxing Associaton, además de ostentar el de Europa. No obtiene las coronas porque no estaban en juego.
No sería la única vez que vencería a púgiles verdaderamente encumbrados: en Estados Unidos derrota a Ezzard Charles quien, posteriormente, resultó campeón mundial de peso máximo. En su recorrido por Argelia derrotó en dos oportunidades y entabló en otra con Anton Christoforidis; el griego ostentó el título del orbe entre los semipesados. Otra de sus víctimas, el estadounidense Ken Overlín, ganaría el cinturón mundial de peso medio. Uno de sus mayores admiradores es Ernest Hemingway con quien sostiene una gran amistad.
Se despide de Europa por dos razones: no encuentra contrincantes y la Segunda Guerra Mundial es mucho más que amenaza. Hacia Argentina y, después, se establece en la patria, con su familia francesa, la esposa Yolett Yol y los hijos de ambos. Recomienza su carrera deportiva en La Habana: victoria sobre el dominicano Carlos Pérez en 12 capítulos y conquista el cinturón centroamericano de la división de los 75. Hay más triunfos: en dos ocasiones sobre Mario Ochoa, a quien le arrebata en la segunda lid el cetro nacional de los 75; Holman Williams (EE.UU.) el panameño Hanking Barrows y el coterráneo peso pesado Omelio Agramonte sucumben ante su calidad.
En 1946 regresa a Europa y actúa en Barcelona, Madrid, Zaragoza, Valencia y París. A pesar de que muestra habilidades, ya no es el mismo: los años, los golpes recibidos en su larga trayectoria ante tantos oponentes de valía, y una especie de reuma que lo agrede. En Cuba se despide del boxeo por prescripción facultativa, un año después, a los 38 años de edad, en una contienda declarada pareja ante Hanking Barrows.
Radicado en la Mayor de las Antillas, en 1958 y 1959 trabajó en varios gimnasios capitalinos, además de preparador con la cuadra profesional del negociante Yamil Chade, en la que sobresalían Kid Gavilán, en franca decadencia, el entonces prometedor Robinson García y Sarbelio Fuentes, quien obtendría el título Guantes de Oro en USA y, después del triunfo del pueblo cubano, devendría uno de los más brillantes técnicos, creadores de la Escuela Cubana de Boxeo, la mejor de todos los tiempos en el quehacer olímpico.
Años más tarde viviendo en España, conduce la brega de varios atletas, entre los que sobresalen Alfredo Evangelista y el cubano-español José Legrá, coronado dos veces as del planeta entre los plumas, de acuerdo con el Consejo Mundial de Boxeo, y amo del peso en el Viejo Continente en dos oportunidades. Kid Tunero fallece el 9 de octubre de 1992 en un asilo de ancianos de Barcelona.
