La virtud de compartir conocimientos es inherente a la vida de la experimentada doctora Martha Ortega Lamas, profesora consultante en el habanero hospital Hermanos Ameijeiras y especialista en Otorrinolaringología.
Avanzaban los primeros días del mes de julio de 1955; desde 1953, tras los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el amañado juicio y el injusto presidio, Fidel Castro se había convertido en el maduro líder de sus compañeros de lucha. Peculiar papel desempeñó en esa transformación el presidio político.
Las coincidencias que a través del tiempo recoge la historia de Cuba, tanto en sus hechos en sí mismos como los relacionados con sus líderes, hacen de su estudio un atractivo especial.
“Una vez tuve un sueño donde era su novia, y en una reunión conocía a Juan Almeida que era un mulato muy lindo, tengo que confesarlo, enseguida me atrajo como hombre.
El legado del líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro, será objeto de investigación sistemática en la Universidad de La Habana, tras la constitución de la Cátedra Honorífica para el estudio de su pensamiento y obra.
La noche del 28 de marzo del 2002, a la espera en una plaza abierta a pocos metros del mar, no le provocó a Sheila Pons Delgado el frío que sí sintió, de pronto, cuando vio acercarse al hombre alto, de verde olivo, que la miró y le dio un beso.