Verano de 1993, en horas de la noche. Escenario: Consejo de Estado, en la Plaza de la Revolución. El equipo Cuba de béisbol acababa de arribar a la Patria luego de otra exitosa actuación en tierras foráneas. Y el anfitrión no podía ser otro que el Comandante en Jefe Fidel Castro.
En estos días no he podido hablar con mi abuelo Obdulio Machín y eso me preocupa. Quiero saber cómo está, aunque lo intuyo. No está bien y aunque se esfuerce en disimularlo, seguramente la mayoría de las personas lo notan.
Continúan en Cuba las manifestaciones de duelo por el deceso de Fidel Castro acompañadas con muestras de admiración hacia ese hombre que, con infinita humildad, entrega y gallardía, dirigió la contienda decisiva para expulsar de la patria la miseria, el abuso y la ignominia.