Las primeras tres décadas del siglo XX fueron pródigas en vuelos en todas direcciones y con disímiles modelos de aviación, pero los habitantes de la ciudad cubana de Camagüey no pueden olvidar el vuelo del inolvidable Cuatro Vientos.
En estos días, cuando los medios sofisticados de información nos brindan amplios conocimientos a una alta velocidad, no es de extrañar que, debido al monopolio, nada o muy poco se hable de Cuba. Así sucede con el tema del cohete postal cubano, que, sin embargo, fue el primero.
Las aguas del caudaloso Nilo me traen desde el norte a este país del llamado cuerno de África, que en un momento fuera conocido por Abisinia y que es el tercer país africano más poblado, luego de Nigeria y Egipto.
Fieles a su esencia desde que vieron la luz en 1840, los sellos de correos, además de su misión principal de franquear toda correspondencia, reflejan la idiosincrasia, cultura y particularidades del país que los produce. Pero hay algunos que tienen mayor alcance.
La historia del Apartheid, la lucha contra este régimen de oprobio y de la misma República Sudafricana está ampliamente representada en especies filatélicas.
Si con propiedad puede decirse que el caballo fue vital para el desarrollo del correo terrestre en el mundo, no nos equivocamos al afirmar que las palomas sirvieron para los primeros servicios de correo aéreo, muchos siglos antes de aparecer el primer avión.