Todavía, cuando se visita el mítico restaurante Monseigneur, en La Habana, el mobiliario, las luces tenues, las cortinas y los objetos de época, te acercan a lo que debió ser una atmósfera subyugante en sus tiempos de gloria. Pero se extrañan ciertas cosas.
Por estos días, cuando mostramos orgullosos la graduación de miles de estudiantes de nuestras universidades, una edificación académica de La Habana Vieja resalta más allá de su arquitectura.
A la entrada de la bahía habanera se levanta el hotel Paseo del Prado, una edificación de 36 metros de altura con un novedoso diseño que imita la proa de un barco.
Como parte de los planes turísticos que rediseñan la imagen añeja de La Habana en la actualidad, el Palacio Cueto aportará nuevos espacios para el alojamiento en esa zona de la capital cubana.