Mi vecino escribe esta crónica para ustedes

Los Juego de las Estrellas de Veteranos son todo un espectáculo. Foto: Marcelino Vázquez.

Mi vecino confiesa que una de sus sonrisas más lindas le nace cuando su nietecito, puesto de pie frente al televisor, escucha el Himno Nacional antes del inicio de un desafío de la Serie Nacional de Béisbol.

Cuando el  niño trata de atrapar con la voz algunas palabras “la emoción se apodera de mí y ya tú sabes”, dice. Él tiene deseos de seguir contando, pues mejor que escriba por mí la crónica de hoy.

“Si antes del juego se hace la ceremonia de la primera bola, lanzada o bateada, brinca un mundo dentro de mí. Oye, te agarra una alegría grande ver en acción a dos figuras que  vimos llegar y subir en el deporte nacional, y ganarse nuestra admiración”, agrega.

Así prosigue: “Con su retiro se nos perdieron, no se sabe dónde están, qué hacen, si siguen vinculados a la pelota. De repente, aparecen, con canas -a los que le queda pelo-, muchas más libras y menos reflejos, y la risa en la cara que da gusto. La dicha es grande”, compadre.

Ellos sí que honran al campeonato. Al compartir su gloria con el público de las gradas y los televidentes, alzan lo mejor de cada uno de nosotros.

Incluso, sobre los que los conocieron y siguieron la pelota en aquellos tiempos caerán un montón de preguntas de los más nuevos, para saber quiénes fueron estos hombres tan amados. Y las sabremos responder. Es un baño de heroicidad para todos: siempre ha hecho falta, ahora mucho más.

El deporte cubano está lleno de proezas. Olvidarlas es un crimen. Mira, hay que ir más alto en esto, por encima aún del juego de veteranos que ya es un suceso sabroso.

Sin embargo, mucho me molesta saber que algunos están en contra de este ritual, y hasta lo perciben como una pérdida de tiempo, cuando en otras competencias hay quienes se regodean poniendo en la televisión los más mínimos detalles del espectáculo de apertura de un encuentro, donde se rinde culto a lo ridículo, a lo banal y hasta a los funcionarios y negociantes del universo del músculo.

¡Mi madre!, ¿dónde han metido el corazón los que niegan valor a nuestras ceremonias, tan  alejadas del mercantilismo y de otros males?

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