Más rápido se agarra a un mentiroso…

Los tramposos deberían ser sancionados con dureza en el béisbol cubano (o en cualquier deporte). Foto: Internet.

“Lo haré mientras no me agarren”. Quizás esa ha sido la frase de muchos deportistas cuando han elegido el camino equivocado, a costa del que han logrado ascender hasta lo alto y después, como todo lo que se eleva demasiado, perder vuelo y caer estrepitosamente.

Algunos nombres ilustres han caído en este saco y jamás han podido salir. Incluso cuando han cumplido y limpiado su nombre, como sucedió con el corredor norteamericano Justin Gatlin. En esa bolsa, aparecen Marion Jones, Ben Johnson, Brian “The Boss” Bosworth, la mayoría de los atletas de la República Democrática Alemana y el escandaloso dopaje de deportistas rusos, que han manchado la historia del deporte.

Dentro de todo esto, el béisbol siempre ha sido objeto de debate, y sus jugadores, debido a las regulaciones del deporte y las suaves medidas antidopaje durante mucho tiempo escaparon al control que debían ser sometidos, que de haberse efectuado, quizás se hubiera atajado un fenómeno que evitaría el hecho de que a día de hoy los cuadrangulares de Barry Bonds de por vida, los de Sammy Sosa y Mark McGwire, los de José Canseco y las proezas de Roger Clemens estén de cierta forma, bajo la lupa, y más de uno tengan estas marcas anotadas con asteriscos.

Pero también hay otras formas de hacer trampa, que no tienen que estar directamente vinculadas a farmacias, suplementos, inyecciones y sustancias prohibidas. Éstas son  tan fáciles como increíbles de llevar a cabo, pues suceden justo delante del ojo humano. Y muchas veces este no detecta la estafa.

Lanzamientos prohibidos, pelotas amañadas, deliberado robo de señas mediante cámaras ocultas, venta de partidos, son solo algunos de los engaños del juego, pasando por el de aquel bateador de Cincinatti que luego de batear un cuadrangular fue declarado out porque su bate era más largo de lo habitual.

Precisamente entre bate y pelota se concentra la mayor cantidad de trampas, pero es la poderosa vara de los sluggers la que se lleva las palmas. A los bates, se les hace de todo. Se les aumenta el tamaño, se les ahueca y rellena de corcho o simplemente se les saca madera mediante un agujero en su corona para hacerlos menos pesados y facilitar el bateo en función de la velocidad para sacar los brazos.

Todo esto llega en el contexto de que en los últimos años se han reportado al menos dos incidentes relacionados con esto, transmitidos en televisión. Uno vio involucrado a uno de los hermanos Alarcón de Las Tunas, y el otro fue el acaecido en el último desafío entre Industriales y Sancti Spíritus. Ojo, puede haber más, pero simplemente no los han capturado.

El caso de Yoandi Baguet (subserie Industriales versus Sancti Spíritus) exige un poco más de control. Este jugador, quien ya había bateado un doblete y anotado carrera en la entrada en la cual los espirituanos se pegaron en el marcador 5×4 el pasado jueves, tenía un bate cuya punta estaba más ahuecada de lo normal. Hasta ahí todo parecía correcto.

Cuando vuelve al cajón de bateo, conecta otro doblete, esta vez para remolcar a un compañero en base. El alto mando Azul se percata de algo inusual en el bate y reclama. ¿Resultado? En el hueco habitual de la punta del bate había otro agujero, como luego mostró la transmisión del Canal Habana, por donde se le había sustraído más masa al bate, para hacerlo más ligero. Pero si en el banco capitalino no se percatan y no se hace la reclamación, el tramposo habría seguido haciendo de las suyas.

Por supuesto que se declaró al bateador out por regla, y la carrera bajó del pizarrón. Baguet también fue expulsado, pero no sabemos si se tomarán medidas adicionales por esta grave indisciplina.

La comisión nacional y la comisión técnica deberían tomar medidas para prevenir este tipo de adaptación de los implementos deportivos y evitar que sucedan. Ahora mismo otros pueden estar haciendo lo mismo sin ser descubiertos, y eso no es para nada honesto en un deporte donde gritamos a los cuatro vientos su limpieza.

Medidas posteriores deben ser tomadas con los infractores de las reglas del juego, y una expulsión creo que no basta. Sanciones por una subserie o más, en dependencia de la gravedad de la falta, sería lo adecuado.

Aunque por supuesto, lo mejor sería que todo esto sucediera, para no dejar esa mala imagen en los terrenos de juego, ante una afición que bastante desilusionada está ya con el pasatiempo nacional.

Siempre recuerden, que se agarra más rápido a un tramposo…

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