Cuando el enemigo va contra nuestro corazón deportivo: la pelota

El béisbol en Cuba es cultura y patrimonio espritual. Foto: Internet.

Nuestro movimiento deportivo crece y promete mucho más desde 1959. Temprano la ofensiva yanqui se dirige contra la pelota. Sabe que es el corazón.

El 8 de julio de 1960 retiraron la franquicia a los Reyes del Azúcar de sus circuito y ese mismo año prohibieron la inclusión de peloteros estadounidenses en el clásico profesional de Cuba y cualquier acercamiento a la Isla. Además nos despojaron de ser el teatro de ilusiones de la Serie del Caribe en la temporada 1960-1961.

Fidel había declarado a la Asociación de Corresponsales de las Naciones Unidas (23 de abril de 1959): “(…) Nosotros queremos que (los Sugar Kings) se queden en Cuba y lo que es más, queremos hacer un equipo de Grandes Ligas (…)”.

Con los azucarados ganamos la Pequeña Serie Mundial (Triple A) en 1959. También,  auspiciado por la Dirección General de Deportes, se realiza por vez primera en el país un verdadero Campeonato Nacional sin exclusión.

En el certamen vence el equipo oriental de  los Mulos de Nicaro. Debido al ataque enemigo, el campeonato profesional se lleva a cabo únicamente con representantes  del patio. El bloqueo se presentaba así con sus mordidas más duras y el pasatiempo nacional no escapa. Desde el inicio estaba claro que los cubanos serían los únicos peloteros del mundo que debían renunciar a su patria para jugar en las ligas mayores.

La situación obliga a cambiar las señas e iniciar la contraofensiva. La Serie Nacional de Béisbol  de 1962 debe sustituir al campeonato profesional en los corazones de la afición. Y a favor de la iniciativa ponen su bregar atletas, directores, entrenadores, árbitros, funcionarios y la prensa, ámbitos todos en los que figuran establecidos y novatos. Estuve entre los últimos, primero desde la revista Mella y después desde Juventud Rebelde.

Fidel traza la estrategia y la táctica: interviene en aperturas, juega en infinidad de ocasiones, adapta el lenguaje, fue un creador. Es el primer dirigente de alto nivel de una nación en inaugurar una temporada bateando la primera pelota, hecho acontecido en la segunda SNB. Antes, en la edición inicial, había lanzado en el debut.

En  todo el quehacer beisbolero hay bastante del espíritu demostrado por nuestros representantes principales. En el mundial amateur de Costa Rica, en abril de 1961, los peloteros piden regresar para enfrentar a los mercenarios, pero se les persuade. Su lucha era allí y triunfaron. Retornaron invictos.

Alegría plena. La serie y sus protagonistas penetran en el alma del pueblo. Y ya van 57, con periodos de una luna de miel y grandes éxitos, otros de caídas y recaídas. Nunca la culpa mayor será de los peloteros que, desde el inicio, se dan enteros en el terreno dentro y fuera de Cuba, para entregarnos tanta gloria.

No han faltado los errores propios. Por ejemplo, aquel retiro masivo de los años 91 y 92 para dar paso a la juventud, según planteaban sus autores para justificar tal absurdo, autosuficiencia, loas excesivas, amiguismo.

El dogmatismo ha herido duro: el experimento de “los niños genios”, algunos de los cuales han terminado alejándose de la moral revolucionaria; hasta cierta discriminación con los profesionales y directores de verdadero saber —ni Martín Dihigo se salvó—.

Hasta el Salón de la Fama se olvidó y aún no ha revivido verdaderamente, pese a los intentos recientes. Duelen las iniquidades sufridas por glorias como Regla Torres (no solo los beisbolistas), Rey Vicente Anglada, Víctor Mesa, Omar Linares, Oretes Kindelán, Lázaro Junco, Romelio Martínez, así como los Urrutia, Urquiola, Romero, Medina, cuyas historias han sido reveladas en la sección televisiva Confesiones de Grandes de Aurelio Prieto Alemán, que yo llamaría “periodismo de grandes”.

Esos atletas y muchísimos más merecen las siguientes palabras de Fidel Castro, el 16 de junio de 2008, cuando defiende del fanatismo y la incomprensión a la selección nacional de béisbol: “A pesar de las circunstancias adversas, nuestros atletas brillan por su calidad humana y patriótica. No llegan siquiera a uno de cada diez los que sucumben moralmente a la lluvia de ofertas en un mundo plagado de mercachiflismo, vicios, drogas, doping y consumismo, en el cual nuestra patria brilla como un ejemplo difícil de imitar”.

Los gringos continúan dañándonos, pero hemos alcanzado un enfoque propio del momento sin renegar de los principios, aun cuando estos a veces son violentados por una compleja y menos hermosa realidad.

Ellos, además, nos impiden obtener experiencias y bienestar económico en la más vigorosa liza beisbolera del orbe. Prefieren sonsacar y hurtar. Debemos conformarnos con los contratos en organizaciones de más bajos estímulos deportivos y salariales. La negativa perjudica también al Gran Circo: ha detenido el mayúsculo suministro extranjero de calidad que representa Cuba.

El Comandante en Jefe, en la bienvenida a los peloteros vencedores  en Baltimore (4 de mayo de 1999), dijo: “Quizás algún día haya paz, hayan relaciones normales con el vecino del norte y exista la posibilidad de que podamos participar en esas competencias (las Grandes Ligas), y en la medida en que se logre, podríamos mejorar considerablemente los ingresos modestísimos de nuestros atletas”.

La obamada (en referencia a Barack Obama, expresidente de Estados Unidos) estaba clara: existen relaciones pero no eliminan el bloqueo e intentan doblegarnos con golosinas ocultadoras del veneno y el garrote presto para usarlo en los instantes apropiados. Las recientes “trumpadas rubitas” (en alusión a Donald Trump, actual mandatario norteamericano, y al político Marco Rubio) enseñan el verdadero rostro. No hay normalidad. ¿Qué esperar?

Y que quede claro, los cubanos sabrán levantar hasta la cima su corazón deportivo: la pelota.

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