
El asombro no puede invadirnos. ¿Qué puede esperarse de los yanquis? No les importan los riesgos que corren los ilusos que navegan por aguas turbulentas y se ponen en manos de inescrupulosos.. Foto: Internet.
Era de esperar la reacción del imperio: derrumbar las relaciones de la Federación Cubana de Béisbol con las Grandes Ligas, un acuerdo que se convertía en triunfo humano y deportivo.
El asombro no puede invadirnos. ¿Qué puede esperarse de los yanquis? No les importan los riesgos que corren los ilusos que navegan por aguas turbulentas y se ponen en manos de inescrupulosos.
Todavía hay quien se pregunta: ¿qué dirían los padres fundadores de la sociedad estadounidense ante las “Trumpadas”? Y no solo vienen del presidente Donald Trump: las envía una casta que heredó lo peor —que es bastante— de los citados progenitores.
José Martí lo esclareció cuando los monopolios estaban en pañales: “(…) Nunca fue la de Norteamérica, ni aún en los descuidos generosos de la juventud, aquella libertad humana y comunicativa que echa a los pueblos por sobre montes de nieves (…). Del holandés mercader, del alemán egoísta y del inglés dominador se amasó con la levadura del ayuntamiento señorial, el pueblo que no vio crimen en dejar a una masa de hombres, so pretexto de la ignorancia en que la mantenían, bajo la esclavitud de los que se resistían a ser esclavos”, dijo el Apóstol.
¿Qué hablarán ahora quienes han planteado que el obstáculo al arribo de los cubanos a las Grandes Ligas se debe a la Revolución Cubana? Callan o intentan otra vez tergiversar. Lo he escrito en muchas ocasiones para cortar el paso a esos ataques injustos sean directos o sutiles.
Desde antes de iniciado el bloqueo, lo más infame de Estados Unidos se lanzó contra el corazón del deporte cubano al inicio de la victoria del pueblo. Muchos textos y proyecciones no van a aguas profundas en dicho tópico y tenemos que mostrar la verdad, en especial a las nuevas generaciones, y abrazar lo cardinal sin obviar ni otorgar la mayor dimensión a los errores propios.
Estimo adecuado, respecto con el asunto, remitir a parte de la ponencia Tenemos que dar el escón, que pronuncié en el coloquio El inning se complica, convocado en 2013 por la Fundación Alejo Carpentier y publicada en la revista Calibán.
“Temprano, la ofensiva yanqui se dirige a nuestra gran pasión: retiro de la franquicia a los Reyes del Azúcar (1960). Ese año prohíbe que sus players actúen en el clásico cubano, nos despoja de ser el escenario de la Serie del Caribe de 1961 y, ya con el bloqueo, impone a los peloteros cubanos renunciar a su Patria para pertenecer a las ligas mayores. El Comandante en Jefe Fidel Casto había declarado a la Asociación de Corresponsales de las Naciones Unidas (22 de abril de 1959): “(…) queremos que (los Sugar Kings) se queden en Cuba y lo que es más, queremos hacer un equipo de Grandes Ligas”.
Escribí en el mencionado texto: “La situación obliga a cambiar las señas. Contraofensiva: Serie Nacional (1962). Debe sustituir al Campeonato Profesional en el amor de la afición. Ponen su bregar a favor del nuevo certamen: atletas, directores, entrenadores, árbitros —muchos han renunciado a salarios elevados en ligas foráneas—, funcionarios y la prensa”.
Agrego: “Fidel traza la estrategia y la táctica: interviene en aperturas, juega en infinidad de ocasiones, adapta el lenguaje, crea. Es el primer mandatario del mundo en inaugurar una temporada bateando la primera pelota: la segunda Serie Nacional, el 25 de febrero de 1962”.
La gringada continuó dañándonos cuando habíamos alcanzado un enfoque propio del momento sin renegar de los principios, exigidos por una compleja y menos hermosa realidad.
Nos impedían obtener experiencias y bienestar económico en la más vigorosa liza beisbolera del orbe. Preferían sonsacar y robar talentos. Debíamos conformarnos con los contratos en organizaciones de más bajos estímulos deportivos y salariales.
En la bienvenida a los peloteros vencedores en Baltimore, el 4 de mayo de 1999, Fidel expresó: “Quizás algún día haya paz, haya relaciones normales con el vecino del norte y exista la posibilidad de que podamos participar en esas competencias (Grandes Ligas) y en la medida en que se logre, podríamos mejorar considerablemente los ingresos modestísimos hoy, de nuestros atletas”.
Tiempo después reflexioné sobre la Obamada (referencia a Barack Obama, expresidente de los Estados Unidos): hay relaciones, mas el bloqueo es mantenido e intentan doblegarnos con golosinas envenenadas y el garrote presto.
Las más frescas trumpadas muestran la faz verdadera. No hay normalidad. Y el objetivo es el mismo: destruir el proceso revolucionario. En cuanto a la pelota, hay que resaltar su historia, lo que apoya a la lucha por levantar los resultados actuales.
El Salón de la Fama mismo tiene que ser rescatado, desechando cualquier “sarampión”, lanzando por la borda lo dogmático. Ahí deben estar los que merecen estar por sus valores atléticos sin soslayar la dignidad. Muy correcta la entrada en la reapertura de Orestes Miñoso y Camilo Pascual. Otros más deben ser exaltados. Es un solo béisbol y no podemos separar a los hombres de su etapa.
Existen algunos de la época actual víctimas de debilidades propias y las acciones del enemigo: todos no poseen un alma potente como Omar Linares o Teófilo Stevenson: Cuba por encima de la riqueza, ni vibraron en su corazón los peloteros mambises como Carlos Maciá y Ricardo Cabaleiro, el boxeador Giraldo Córdova Cardín, el esgrimista Jorge Agostini, el judoca José Ramón Rodríguez López, el nadador y pesista Marcelo Salado…
El gran pecador es el que paga por pecar y no el que peca por la paga como enseña Sor Juana Inés de la Cruz.
Cuidado con la mentira y el otro extremo imposible aceptar el pedido de ubicar una placa en el Latinoamericano con el nombre de un vividor progringo, Boby Maduro, a partir de ver pureza en sus acciones para edificar el Coloso del Cerro. El canto ciego a los Reyes del Azúcar es otra falla, lo que no significa quitar lo bello del sueño beisbolero que significaron.
Falta grande. Desde un programa televisivo, los textos y la profusión de fotografías para mostrar a dos peloteros íntimamente vinculados al batistato. Incluso, uno de ellos, oficial del ejército antipueblo, torturó y asesinó, y pagó sus crímenes en los primeros días de 1959.
Esos espacios deben acoger aletas del pasado de mayor estatura ciudadana y atlética, aunque soy contrario a impedir por decreto el reflejo de estos dos “tipejos”, pues forman parte de la historia. Pero el tratamiento no puede pasar de sus numeritos, enfatizando en sus indignidades, sin conducir hacia la simpatía o lo atrayente.
En cuanto a todos los deportes. Debemos saber andar por los senderos de los contratos y la remuneración muy por encima de lo estrictamente económico. No se debe confundir, sobre todo en la práctica, el rigor, la especialidad necesaria de la profesionalidad con el lucro y el negocio por encima de todo que emanan del profesionalismo. Participar en esos torneos es ineludible, pero no podemos mancharnos.
Como nunca es indispensable esculpir a los deportistas cubanos. Entrenadores y funcionarios no pueden limitarse a incrementar la velocidad, la fuerza, la resistencia y la habilidad de sus discípulos, Hay que vigorizarles lo humano, lo ideológico, lo espiritual.
