Los cabildos de negros en Cuba y sus antecedentes hispánicos

Cabildos de negros en Cuba. Foto: Radio COCO

Cabildos de negros en Cuba. Foto: Radio COCO

La historiografía especializada cubana y los correspondientes estudios sociológicos han logrado definiciones precisas sobre los cabildos de negros en la etapa esclavista del período colonial de la dominación española en Cuba.

Eran reuniones de negros bozales en casas destinadas al efecto, donde las autoridades permitían la celebración de festividades que incluían toque de instrumentos general o mayoritariamente percusivos, así como cantos y bailes originarios. También se colectaban fondos para uso de diversión y socorro, con caja de ahorros, capataces, mayordomos, rey y reina, elegidos de entre ellos los más respetados.

En las comunidades puede afirmarse que la forma asociativa más antigua de la Isla es la de los cabildos de negros, que no son como algunos creen, una iniciativa de las autoridades coloniales para aplacar, mediante la concesión de aparentes libertades, las  frecuentes explosiones de rebeldía como consecuencia de los rigores a que se sometía a esclavos y libertos.

Y es que desde mucho antes del llamado descubrimiento del Nuevo Mundo, sobre todo en Andalucía existieron cofradías de negros, establecidas en ciudades como Sevilla, Cádiz y Jerez de la Frontera.

Negros llevados a la Península Ibérica por los árabes durante su larga dominación, y asentados con mayor densidad precisamente en la región andaluza, separada del África solo por la mayor estrechez del Mar Mediterráneo.

Se sabe que en el siglo XVI hubo este tipo de cofradías y cabildos allí, no sólo de africanos, indistintamente musulmanes o no, sino también de gitanos y otras de las razas eufemísticamente llamadas pobres, entre las cuales presumiblemente habría también judíos.

Hay un autor, Isidoro Moreno, quien en un estudio titulado “El sistema de cargos de las comunidades religiosas como adaptación de cofradías étnicas andaluzas”, especifica que dichas hermandades tenían características segregacionistas y fuertemente estratificadas y que en ellas los cargos no solo tenían finalidad religiosa sino de autoridad política, para ser ejercida sobre los demás miembros.

Si buscamos la definición de cofradías y cabildos aquí, hallaremos similitudes enormes, puesto que consistían por igual en reuniones de creyentes y adoradores de determinados santos o ídolos de un muy extenso panteón puesto que ninguna religión africana era monoteísta.

Nuestro sabio don Fernando Ortiz profundizó en ese aspecto para concluir que en Cuba ocurrió un proceso de aparente catolización de aquellas divinidades selváticas y fetichistas, que en el devenir, primero por presiones y luego por costumbre, se unieron transformándose en terceras realidades que acertadamente clasificó dentro de lo que él mismo bautizó como un proceso de transculturación.

Lo que no logró España fue evitar que los cabildos funcionaran como centros de conspiración y subversión. No estará demás citar el caso del movimiento insurreccional encabezado por José Antonio Aponte, uno de cuyos lugartenientes era Salvador Ternero, capataz de un cabildo de   La Habana de extramuros denominado Mina Guagüí.

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