A 58 años del alzamiento del 30 de Noviembre, Cuba recuerda a sus mártires y acomete nuevas tareas que dignifican las conquistas de la Revolución, a propósito del nuevo modelo económico y social que garantiza la continuidad e irreversibilidad del Socialismo.
La historia recoge: “El plan para el 30 de noviembre fue concebido por Fidel en su parte general. Hacía falta que se llevaran a cabo acciones en el resto de la Isla que impidieran al ejército batistiano trasladar sus efectivos con suficiente rapidez a la zona de desembarco. Hubo compromisos de levantamiento en Las Villas y Matanzas; y de otras acciones en parte de la Habana y Pinar del Río”.
“En Oriente debían realizarse de manera simultánea en Santiago, Puerto Padre y Guantánamo; los compañeros de Bayamo y Manzanillo se iban a incorporar al desembarco, que sería por esa zona”», según el combatiente Léster Rodríguez”.
De esta forma, el plan general apoyaría la llegada de Fidel Castro y los expedicionarios del yate Granma, mediante la acción organizada y liderada por Frank País en Santiago de Cuba, para neutralizar a las tropas del tirano Fulgencio Batista y permitir el avance indetenible del Movimiento 26 de Julio.
El atraso del desembarco impidió el resultado anhelado, pero tras la epopeya heroica, los hombres y mujeres vestidos de verde olivo, junto a los caídos en combate: Otto Parellada, Pepito Tey y Tony Alomá, quedaron inscritos en las páginas de la historia que hoy reconoce el valor de los jóvenes revolucionarios y el apoyo incondicional del pueblo involucrado al masivo alzamiento.
En momentos de recuento, la Revolución honra, para vivificar el sentimiento patriótico que hoy demanda estar fortalecidos para vencer obstáculos, seguir adelante y de acuerdo a la compleja situación mundial.
A modo de ejemplo que permite valorar el sacrificio de las generaciones que precedieron el triunfo de enero de 1959, la lectura del hecho se repite, tal y como relatara Frank País:
“La población entera de Santiago, enardecida y aliada a los revolucionarios, cooperó unánimemente con nosotros. Cuidaba a los heridos, escondía a los hombres armados, guardaba las armas y los uniformes de los perseguidos; nos alentaba, nos prestaba las casas y vigilaba el lugar, avisándonos de los movimientos del ejército. Era hermoso el espectáculo de un pueblo cooperando con toda valentía en los momentos más difíciles de la lucha”.
La unidad de entonces es el acicate para perseverar en la unidad de hoy y no olvidar el significado del 30 de noviembre, en la historia de Cuba.


