Los blindados estuvieron entre los elementos tácticos determinantes en la batalla de Playa Girón, a pesar de que la mayoría de los integrantes de las dotaciones de los tanques y los cañones autopropulsados eran muy jóvenes y bisoños en las artes de la guerra.
Tampoco puede decirse que las máquinas disponibles en ese momento fueran las más modernas, pues databan de la Segunda Guerra Mundial, al igual que la mayoría del armamento con que contaban las fuerzas armadas cubanas.
Hay que reconocer que los tanques soviéticos T-34 habían causado verdaderos estragos en la contienda bélica internacional concluida en septiembre de 1945.
Los fusiles M-52, las pistolas-ametralladoras PPSH, Modelo 23 y Modelo 25 y las “cuatro bocas” eran también armas viejas, muchas de ellas recuperadas en los campos de batalla.
Tampoco los combatientes habían tenido mucho tiempo de familiarizarse con aquellas técnicas de combate.
Pero todos esos factores fueron ampliamente suplidos por el arrojo, rayano en la temeridad, el patriotismo y la dignidad de los policías, milicianos y soldados que propinaron la primera gran derrota al imperialismo en América.
Los tanquistas mostraron igual devoción que el resto de las tropas y el día 18 de abril de 1961 cumplieron la misión que el Comandante en Jefe les había planteado: mojar las esteras de sus máquinas en las aguas de Playa Girón. Esto pudiera parecer sencillo si para ello no hubieran tenido que combatir, palmo a palmo, por la tierra que los mercenarios, pagados, entrenados y equipados por el gobierno de Estados Unidos, intentaban ocupar para luego hacer regresar a Cuba a su pasado ignominioso.
Ese día histórico fue el preámbulo de la victoria total que acabaría con las aspiraciones imperiales de tomar por la fuerza lo que los cubanos se habían ganado después casi un siglo de luchas emancipadoras y al precio de muchas vidas.
Por eso los tanquistas se ganaron el derecho de que el 18 de abril se convirtiera en efeméride en la que el pueblo, agradecido del puño de acero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, le rinda homenaje.
Para este cronista, que perteneció también a las fuerzas blindadas durante su período de servicio militar activo, es doblemente intenso el sentimiento experimentado al teclear estas líneas.

