
El bloqueo y la política hostil de sucesivos gobiernos norteamericanos, han causado graves daños al Sistema Nacional de Salud cubano, entorpeciendo la adquisición de tecnologías, medicamentos, materias primas, etc.
Uno de los ejemplos más impactantes del bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos contra Cuba, es el criminal acoso a la salud pública que entre mayo del pasado año hasta abril de 2013, fue afectada por unos 39 millones de dólares.
Las estadísticas llevadas a la práctica, confirman la gravedad de enfrentar la limitación de adquirir medicamentos, instrumental y otros insumos, debido a que las oportunidades se circunscriben a mercados distantes y al uso de intermediarios, cada vez más temerosos a las represalias del gobierno de Washington.
Aunque las autoridades cubanas no escatiman esfuerzo, ni financiamiento para ser utilizado en los múltiples proyectos científico-sanitarios, de alcance popular gratuitos, es innegable la repercusión de la asfixiante y obstinada estrategia norteamericana que durante más de medio siglo obstaculiza el ya reconocido mundialmente progreso de su medicina.
Si ante el reclamo internacional cesara el bloqueo estadounidense, ¿cómo imaginaríamos los índices de salud comunitaria y los programas integrales de salud en la población isleña, dentro de unos años? si hasta ahora y con tantísimos problemas, la mortalidad infantil es de 4,6 por cada mil nacidos vivos, la más baja reportada por la Organización Mundial de la Salud en Latinoamérica, Canadá y Estados Unidos.
Me pregunto ¿hasta qué punto el nivel de vida de la población cubana ascendería aún más?, si en el presente con inconvenientes, el intento de mejorar la integralidad de los servicios, permite programas de fertilidad, cuidado de las gestantes y la vacunación de los niños contra 13 enfermedades prevenibles, para un aumento de la expectativa de vida de casi 80 años de edad.
Por eso abundan las crónicas que incluyen hechos, cifras, opiniones y repercusión de todo tipo, en los sectores más progresistas de las sociedades del mundo, para reiterar el NO rotundo al bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, pero todavía persiste la empecinada política de querer tergiversar la realidad y ocultar las verdades acusatorias, nítidamente expuesta a muchos.
Ya no resulta un secreto, porque de continuo se denuncia la imposibilidad de adquirir tecnologías y medicamentos para asistir a los niños del Cardiocentro Pediátrico “William Soler” de La Habana, o a los enfermos con VIH/SIDA, requeridos de costosos antirretrovirales, por solo citar algunos ejemplos.
No se trata de retórica, sino de humanismo y de poner fin, sin miramientos, a la injusta política que desde el vecino del norte, impide el desarrollo sustentable de una nación soberana como lo es la Cuba, por siempre en Revolución triunfante, desde enero de 1959.
