
Foto: Cubadebate
Este 3 de febrero se cumplen 55 años desde que la Casa Blanca anunciara el “embargo total” al comercio con Cuba, por decreto del entonces presidente John F. Kennedy, con lo cual declaraba la guerra económica que se está padeciendo desde entonces.
El bloqueo es mucho más que un embargo, ya que abarca no solo el comercio, sino también los aspectos de la economía y, principalmente, las finanzas.
Su carácter extraterritorial lo convierte en la más evidente violación de las normas y convenios internacionales sobre las relaciones económicas entre los Estados.
Ha sido condenado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 25 ocasiones, en votaciones siempre crecientes, hasta llegar a la unanimidad, el pasado año, cuando ni los propios Estados Unidos se atrevieron a defenderlo.
Como bien conoce el mundo, el 17 de diciembre de 2014, el entonces presidente norteamericano, Barack Obama, reconoció que esa política había fracasado (en el intento de subvertir el sistema político, económico y social cubano), y anunció un cambio radical de la táctica en las relaciones con la Isla.
Sin embargo, el 14 de septiembre de 2016, Obama prorrogó una vez más la vigencia de la llamada Ley de Comercio con el Enemigo, un estatuto de 1917, aplicable en tiempos de guerra o de emergencia nacional, y que se invoca exclusivamente como justificante del bloqueo contra la nación caribeña.
Durante los últimos dos años, la Casa Blanca ha tomado algunas medidas para aliviar la presión del bloqueo, pero casi absolutamente para beneficio de los Estados Unidos, cuidando con celo que no ayuden mucho a Cuba.
Una de las medidas de mayor impacto fue la de permitir, por primera vez en medio siglo, vuelos regulares directos entre varias ciudades estadounidenses y una decena de aeropuertos cubanos.
Aerolíneas como Delta Air Lines, American Airlines y JetBlue Airlines Corp ya han recibido la autorización del Departamento norteamericano de Transporte y están volando a la mayor de las Antillas y otras están interesadas.
No obstante, ahora existe incertidumbre sobre las decisiones que tomará el nuevo equipo gobernante en Washington respecto al rumbo de las relaciones con Cuba.
Prensa Latina informa que “aerolíneas norteamericanas abogarán ante el Congreso por preservar el servicio aéreo regular reinaugurado entre ambos países en agosto del 2016”.
Después de todo, las leyes que sustentan el bloqueo —las llamadas Helms Burton y Torricelli— mantienen plena vigencia, y en el Congreso han fracasado hasta ahora los intentos por derogarlas.
Los escasos avances en las relaciones bilaterales fueron resultado de decisiones administrativas, que pudieran ser revertidas de igual forma: el bloqueo se mantiene intacto.
El Gobierno de los Estados Unidos aún prohíbe que sus ciudadanos viajen libremente a Cuba. Impone condiciones prácticamente imposibles de cumplir para que los buques de cualquier país que atraquen en puertos cubanos, toquen puertos estadounidenses durante 180 días, e impide que se importe, desde terceros países, productos que contengan más del 10 por ciento de componentes norteamericanos.
De igual forma, prohíbe que compañías estadounidenses realicen inversiones en la Isla.
Ya no impide que Cuba utilice el dólar en sus transacciones internacionales, pero las astronómicas multas impuestas a bancos de otros países por hacer negocios con empresas cubanas asustan y desalientan a las entidades bancarias.
Crea obstáculos insalvables para el comercio de medicamentos y alimentos, e incluso obstaculiza las donaciones humanitarias, en franca contradicción con los sentimientos de la mayoría de la población norteamericana —como lo demuestran innumerables encuestas—, y de los legítimos intereses económicos de numerosas empresas de ese país.
En ese sentido, aun con la incertidumbre actual, continúan los esfuerzos de ambas partes por continuar avanzando hacia relaciones bilaterales civilizadas y respetuosas.
Por ejemplo, representantes del The Chicago Council on Global Affairs (Comité de Chicago para las relaciones globales), una organización no gubernamental, recorrieron varios sitios de interés en Cuba y se entrevistaron con dirigentes cubanos.
El sitio Cubadebate señaló que se trata de un grupo “diverso y de muy alto nivel, en el que figuran ejecutivos, inversores y expertos en ámbitos como la educación, la cultura y la abogacía”.
Los visitantes declararon que “ya sea en busca de posibilidades de inversión o para comprender la geopolítica de los países visitados, cada integrante de la misión tiene un interés personal en conocer las oportunidades y retos que encara Cuba”.
Mientras, en Virginia, fue fundado el Consejo Estatal Virginia-Engage Cuba, presidido por Terry McAuliffe, gobernador de ese estado, con el propósito de “eliminar las restricciones comerciales impuestas contra la nación caribeña para abrir oportunidades bilaterales”.
Al propio tiempo, una delegación de empresarios estatales cubanos visitó Washington y recorrió puertos del sur de los Estados Unidos para explorar oportunidades de negocios e inversión, informó Prensa Latina.
Los integrantes de la misión se reunieron con 15 congresistas de ambos partidos que buscan fortalecer los vínculos económicos, visitaron la Cámara de Comercio de los Estados Unidos y conversaron con funcionarios de la Asociación Americana de Autoridades Portuarias (AAPA, por sus siglas en inglés).
También estuvieron en varios puertos de la costa sur de Estados Unidos, pero en La Florida, su presencia revolvió el odio de los enemigos irreconciliables de la convivencia pacífica, en la figura de Rick Scott, gobernador de ese estado.
Scott condicionó el acceso de los puertos floridanos al financiamiento presupuestario, al advertir que no puede ser invertido en proyectos de infraestructura relacionados con negocios con Cuba.
En consecuencia, los puertos Everglades y Palm Beach cancelaron la firma de sus acuerdos de cooperación, justo cuando acababa de llegar a ese país la primera importación de un producto cubano en 50 años: carbón vegetal de marabú, de altísima calidad y gran demanda allí.
El rechazo al negro y humilde carbón vegetal se torna significativa advertencia de que el bloqueo sigue totalmente vigente, al cumplir 55 años de estrepitoso fracaso, de crueles penurias para el pueblo cubano, y de la pérdida de grandes oportunidades para ambos países.
