Nada se parece más entre ellos que el bloqueo a Cuba (embargo) y la tuberculosis, a pesar de sus grandes diferencias.
Veamos sus semejanzas:
La tuberculosis (TBC) es una infección bacteriana contagiosa.
La TBC es una infección mortal, cobra cada año millones de vidas en todo el planeta.
Su presa favorita son las personas mal alimentadas, los pobres, los humildes, o quienes viven una vida disoluta.
Es oportunista por excelencia. Puede convivir oculta en un organismo humano por años y solo aparecer hasta que el cuerpo se ha debilitado tanto que carece de defensas para combatir el bacilo de Koch.
Se diagnostica por medio de exámenes médicos.
El tratamiento es largo y complicado.
Sus efectos pueden ser medidos, tanto en el orden social, como en el económico.
Es una de las enfermedades más antiguas del mundo, se calcula su aparición entre 15 mil a 20 mil años.
La lucha contra la tuberculosis es mundial.
Y del bloqueo qué.
Literalmente hablando, el término “embargo” en sustitución de bloqueo por parte de la maquinaria propagandística estadounidense, carece de legitimidad, pues el embargo es una medida aplicada a un deudor que no paga sus cuentas. En la práctica sucede todo lo contrario. Es Estados Unidos el gran deudor de Cuba, por todos los años que explotó las riquezas de la isla caribeña por medio de sus transnacionales, e incluso, a través del servilismo de la oligarquía nacional.
El bloque es también una enfermedad, es un mal contagioso que extorsiona las riquezas del país bloqueado, y por tanto su salud y vitalidad. Las civilizaciones de la antigüedad reportan bloqueos con fines de saqueo, aunque igualmente siempre se inventen pretextos políticos para justificar la rapiña.
El bloqueo aplicado contra Cuba es una medida también genocida por su carácter de exterminio masivo.
El bloque está dirigido a crear necesidades de todo tipo, a sembrar la desesperación y la angustia por falta de recursos materiales, y como quiera que Cuba es una sociedad de los humildes, por los humildes y para los humildes, pues afecta a toda una población de casi 12 millones de habitantes.
Es una agresión oportunista en extremo. Su ambición es crear una situación de violencia social (véase invasión de mercenarios en el año 1961 por Playa Girón), aislar a Cuba del resto del mundo (véase OEA), o chantajear a terceros países que comercien con la Mayor de las Antillas, por solo citar tres ejemplos.
Los métodos legales para identificarlo son simples y precisos. En el caso del bloqueo contra Cuba, existe toda una génesis de disposiciones imperiales, que no por numerosas dejan de ser idénticas en su accionar.
La lucha para que triunfe la razón contra la ambición es larga, complicada y escabrosa.
Pero al igual que la tuberculosis, el tratamiento y la vigilancia logran salvar la salud del enfermo. Ejemplo de ello es la obra de la Revolución y su impacto en las votaciones contra el bloqueo en la ONU. Luego de 20 años de iniciado en este organismo el informe de Cuba contra el bloqueo, la apreciación a favor de su eliminación ha variado sustancialmente, en el año 1992 votaron 59 países a favor de Cuba, 3 en contra y 71 se abstuvieron, y el año 2012, el resultado fue 188 a favor, 3 en contra y 2 abstenciones.
La batalla de Cuba contra la tuberculosis es reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS), por presentar indicadores de prevalencia comparables con los llamados países desarrollados.
En Cuba se involucran instituciones, organizaciones de masas y la población en la prevención y tratamiento de la enfermedad, un programa único a escala universal.
Igual tratamiento de resistencia y de saneamiento recibe el bloqueo, porque ambos males persiguen un mismo fin: Asfixiar al ser humano.
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