Cuba resiste, avanza y triunfa ante la codicia de EE.UU.

La voluntad del pueblo de Cuba se robustece cada día. Foto tomada de Prensa Latina.

La voluntad del pueblo de Cuba se robustece cada día. Foto tomada de Prensa Latina.

La voluntad del pueblo cubano, firme en la defensa de su patria y su Revolución, se robustece a pesar de las agresiones humanas y económicas de Washington durante más de seis décadas y las nuevas amenazas.

La victoria revolucionaria del primero de enero de 1959 constituyó una humillante derrota política para Estados Unidos (EE.UU.) como gran potencia imperialista y, desde entonces, nunca ha cesado su empeño por reconquistar el país y restablecer la dominación neocolonial.

La Casa Blanca jamás aceptó que ese día terminó la historia de la República Neocolonial y pronto comenzó a ejecutar operaciones encubiertas contra Cuba, incluidos ataques piratas aéreos y navales, sabotajes y apoyo directo a grupos contrarrevolucionarios.

El recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero -impuesto en 1962-, mediante la activación del Título III de la Ley Helms-Burton (aprobada el 12 de marzo de 1996), persigue rendir por hambre y necesidades al pueblo de la mayor de las Antillas.

En 1999, la sociedad civil de la nación caribeña sentó en el banquillo de los acusados a EE.UU., en ausencia, por la muerte de tres mil 478 personas y el quebrantamiento de la integridad física de más de dos mil, debido a las acciones terroristas cometidas durante 40 años contra el pueblo.

El juicio tuvo lugar en el Tribunal Provincial Popular de La Habana, el cual declaró culpable al Gobierno estadounidense y sancionó a pagar una indemnización de perjuicios de 181 mil 100 millones de dólares y a retractarse públicamente. Esto no se ha cumplido.

La Agencia Central de Inteligencia (Cia) auspició unas 300 organizaciones contrarrevolucionarias y la invasión de la Brigada 2506 (entre el 17 y el 19 de abril de 1961), integrada por más de mil mercenarios, que desembarcaron en la Bahía de Cochinos, Ciénega de Zapata, al sur de la provincia de Matanzas.

Conmovedoras resultaron las declaraciones y pruebas respecto a la destrucción en pleno vuelo del avión civil CUT-1201 de Cubana de Aviación, el 6 de octubre de 1976, con 73 pasajeros y tripulantes a bordo, incluidos los 25 integrantes del Equipo Juvenil Cubano de Esgrima, ganador del Campeonato Centroamericano y del Caribe.

Otro hecho desgarrador fue el sabotaje al barco francés La Coubre, en un muelle habanero, el 4 de marzo de 1960, que provocó 46 muertos y 241 heridos.

El terrorismo contra Cuba, además del alto número de muertes causadas por numerosos sabotajes y ataques de diversos tipos, provocó cuantiosos daños materiales a la producción económica, las escuelas y fábricas, los hoteles y a otras instalaciones, tanto en el país como en el extranjero.

La codicia impulsada por gobiernos estadounidenses

Cuando los cubanos libraron sus guerras por la independencia, nunca EE.UU. los respaldó oficialmente, pues consideró inoportuno reconocer la beligerancia de la República en Armas.

Tuvo poderosas razones José Martí (1853-1895), organizador de la última guerra independentista contra España, frente al imperio del norte.

Sus temores se convirtieron en realidad y la muerte en combate lo privó – como escribió en carta inconclusa a su amigo Manuel Mercado, de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América.

La intervención militar de los norteamericanos en la guerra y sus terribles consecuencias, confirmaron las ideas previsoras del Héroe Nacional.

Tras la muerte de Martí, Tomás Estrada Palma ocupó el puesto de Delegado del Partido Revolucionario Cubano en Nueva York y Agente General de la República en Armas en el exterior, y facilitó los planes de Washington.

De un plumazo los intrusos desconocieron el derecho de los cubanos a su independencia y su soberanía absolutas, luego de 30 años de lucha, esfuerzos y sacrificios.

Mucho antes de cuajar como tal la nación cubana y de que EE.UU. tuviera poderío suficiente para respaldar sus ambiciones, comenzó la codicia y el acecho estadounidense en torno a la Isla.

La perspectiva de la anexión estuvo presente en los debates gubernamentales en 1822 y 1823, según anotó John Quincy Adams en su diario, quien fue en esa época Secretario de Estado del presidente James Monroe y poco después mandatario de EE.UU.

En sus instrucciones a Hugh Nelson (nuevo ministro en España, en 1823), Adams expuso lo que se ha dado en llamar la “teoría de la fruta madura”, sustentada en un fatalismo geográfico que obligaría tarde o temprano al archipiélago cubano a sumarse a la nación norteña.

Por: Marta Denis Valle

Tomado de: Prensa Latina

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