El absurdo del bloqueo

 Para entender el mecanismo empleado por el imperio es necesario conocer cómo se prohíbe que empresas subsidiarias de compañías norteamericanas que se encuentran en terceros países mantengan cualquier tipo de transacción con empresas en Cuba.


Para entender el mecanismo empleado por el imperio es necesario conocer cómo se prohíbe que empresas subsidiarias de compañías norteamericanas que se encuentran en terceros países mantengan cualquier tipo de transacción con empresas en Cuba.

La política de los Estados Unidos contra Cuba muestra el absurdo recrudecimiento de una estrategia de más de 50 años hacia un pueblo perseverante en su derecho a ser autónomo y libre, por lo que al mundo le asiste el derecho de conocer más sobre el efecto real de este bloqueo a la economía, las finanzas y el comercio.

Hasta hoy el gobierno de Washington, presidido por Barack Obama, insiste en la pretensión de decidir sobre los asuntos soberanos de la isla caribeña, a partir de sanciones, persecución contra ciudadanos, instituciones y empresas de terceros países que desean establecer relaciones económicas, comerciales, financieras o científico-técnicas con Cuba.

Asimismo, la obstinada y cruel extraterritorialidad se hace sentir en los procesos de alianzas estratégicas entre las empresas internacionales, con impacto negativo en el espacio económico mundial en el que Cuba puede operar.

Múltiples son los obstáculos y el más común es la imposición de multas multimillonarias a entidades bancarias estadounidenses y extranjeras por tener operaciones con la Isla, que en el caso particular de los bancos conlleva a la ruptura de vínculos, así como la realización de transacciones cubanas, muchas veces en condiciones precarias.

Para entender el mecanismo empleado por el imperio es necesario conocer, además, cómo se prohíbe que empresas subsidiarias de compañías norteamericanas que se encuentran en terceros países mantengan cualquier tipo de transacción con empresas en Cuba o que éstas exporten a los Estados Unidos productos de origen cubano.

Del mismo modo, se prohíbe a las empresas de terceros países que vendan bienes o servicios a la mayor Antilla, cuya tecnología contenga más de un 10 por ciento de componentes norteamericanos, aunque sus propietarios sean nacionales de esos países.

Otras arbitrariedades permiten la prohibición de la entrada a puertos estadounidenses de buques que transporten productos desde o hacia Cuba, con independencia del país de matrícula.

Así, de esta forma despiadada y sin escrúpulos, el hegemonismo yanqui manipula el mundo, penaliza a los empresarios que realizan inversiones o negocios con Cuba, al denegarles el otorgamiento de visado para entrar en Estados Unidos, inclusive extensivo a sus familiares y con la agravante de que podrían ser objeto de acciones legales ante los tribunales de la nación norteña.

La historia abunda en ejemplos, desde el gobierno de Dwight D. Eisenhower, a inicios de la triunfante Revolución Cubana de enero de 1959 y a través de los sucesivos presidentes de Estados Unidos que, sin éxito, insisten en sus planes de desestabilización del proceso político y socio-económico de la Isla.

Pero en la siembra de actos agresivos y violación de las más elementales normas del respeto mutuo y convivencia internacional, también existe abundante cosecha, que se deja sentir en el repudio mundial hacia un imperio que se tambalea en el absurdo del bloqueo, mientras su cimiento de principios y valores, están muy distantes de la justicia y la paz deseada por multitudes.

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