El levantamiento del bloqueo no es negociable

El bloqueo no es negociable

El bloqueo no es negociable

Los avances y el ritmo en el proceso hacia la normalización de relaciones entre Cuba y los Estados Unidos dependerán, esencialmente, de los aspectos relacionados con el levantamiento del bloqueo impuesto por el gobierno norteamericano contra la mayor de las Antillas.

Es cierto que Cuba ha incrementado la exigencia de eliminar esa criminal política, de lo cual se quejaba, recientemente, un periodista de esos que siempre nos atacan. Valdría la pena preguntarle qué haría él, si algún poderoso vecino le negara su derecho a adquirir alimentos y medicinas, a usar el dinero que gana por su trabajo, a disponer de una cuenta bancaria, a negociar con otros vecinos…

La eliminación del bloqueo es la primera prioridad para Cuba, sin renunciar a otros reclamos principales, como la devolución del territorio usurpado por la base naval en Guantánamo; el desmontaje de los programas subversivos, dirigidos a promover un “cambio de régimen”; el cese de las ilegales trasmisiones de radio y televisión con igual fin; y el asunto de las compensaciones económicas.

Los voceros de la Casa Blanca y del Departamento de Estado, y otras figuras norteamericanas, han reiterado a la prensa, categóricamente, que la devolución del territorio ocupado por la base naval no está sobre la mesa de negociaciones, aunque es un planteamiento permanente de Cuba, tal como ocurrió en las recientes reuniones entre los presidentes Raúl Castro y Barack Obama, y en las conversaciones con el secretario de Estado, John Kerry.

En esto se seguirá insistiendo y algún día se logrará.

Los programas subversivos obedecen a la naturaleza del sistema que impera en los Estados Unidos y su confrontación ideológica con el socialismo. Son uno de los grandes temas de discusión, pero es demasiado optimista esperar un progreso real en ese sentido.

Quizás se pueda lograr cierto cambio en los métodos, pero la embajada de los Estados Unidos en La Habana, como las que existen en cualquier parte del mundo, seguirá teniendo como misiones principales la subversión, buscar influencia y hacer labor de inteligencia, además de su trabajo diplomático “normal”.

Con respecto a las trasmisiones subversivas de radio y televisión, es posible que la propia evolución de la tecnología de las comunicaciones y el reconocimiento de que no tienen efectividad, permitan que haya alguna reducción o modificaciones, aunque también es excesivamente optimista suponer que serán eliminadas.

En cuanto a las compensaciones que reclaman ambas partes, seguirá siendo un tema muy complicado, por la cuantía de las respectivas demandas y la complejidad de su aspecto técnico.

Solamente recordar lo difícil que resulta, a estas alturas, determinar la legitimidad de las compensaciones que plantean los antiguos dueños de propiedades nacionalizadas y sus descendientes; indemnizaciones que, aun en el caso de que fueran justas, Cuba no pudo honrar en su momento, precisamente, porque se lo impidieron las medidas del bloqueo.

Por otra parte, Cuba tiene derecho a una cuantiosa compensación, por los daños económicos derivados del bloqueo y de otras formas de agresión a nuestra economía. Ya la Demanda del Pueblo de Cuba, refrendada por el Tribunal Popular Provincial de La Habana, el 3 de enero del 2000, había fijado en 302 mil millones de dólares el monto de esos daños, cifra que se ha incrementado enormemente desde entonces.

No obstante, todos esos temas seguirán formando parte de la discusión, y los avances en cada uno de ellos dependerán, en gran parte, de cómo se modifique la aplicación del bloqueo.

Al mismo tiempo, esos avances pueden despertar intereses económicos y políticos en el Congreso de los Estados Unidos, en el sector empresarial y en otros ámbitos de ese país, que impulsen acciones concretas hacia el levantamiento definitivo del bloqueo.

Ciertos políticos malintencionados siguen insistiendo en que el gobierno de los Estados Unidos debería exigirle a Cuba concesiones políticas y sociales, a cambio de algunas insuficientes medidas de alivio al bloqueo.

En toda negociación, las partes deben hacer concesiones, más o menos equivalentes, para alcanzar beneficios mutuos, pero en cuanto al levantamiento del bloqueo, no se puede hablar de negociación, puesto que no puede haber reciprocidad.

El bloqueo es una política unilateral del gobierno norteamericano contra Cuba, y nuestro país no tiene que ofrecer nada a cambio de eliminarla, pues Cuba no ha aplicado, ni aplica ninguna medida equivalente contra los Estados Unidos.

Por otra parte, los cambios que ha hecho, está haciendo y hará Cuba en su sistema económico y social son decisiones soberanas, que solo competen a los cubanos, y no son negociables, ni responden al interés de complacer a ningún gobierno extranjero, ni son concesiones para corresponder a medidas de flexibilización del bloqueo.

La criminal guerra económica contra el pueblo cubano debe ser eliminada total e incondicionalmente, no solo por motivos éticos: su carácter genocida, ilegal y violador del derecho internacional; sino también por razones prácticas: porque, en más de medio siglo, no ha podido doblegar la voluntad de los cubanos y, si bien le ha hecho muchísimo daño a este pueblo, también es un freno considerable a los intereses legítimos de los norteamericanos.

El levantamiento del bloqueo no es negociable.

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