
Foto: ACN.
Desde el mismo 1959 el gobierno estadounidense anunció una serie de medidas en perjuicio del pueblo cubano, entre ellas terminar con la cuota de importación azucarera, prohibir a las refinerías cubanas el procesamiento del petróleo proveniente de otros mercados, entre otros actos criminales que dificultaron la vida de miles de cubanos.
Ante las agresiones, y en correspondencia con las facultades que le concedía la ley 851 de Defensa de la Economía Nacional rubricada el 6 de julio de 1960, y empleada por primera vez el 6 de agosto de ese mismo año, subscribió la Resolución No. 3 que dispuso la nacionalización de casi doscientas empresas pertenecientes a personas o firmas norteamericanas.
Con la ideología de Fidel Castro, apoyada por personalidades como Ernesto Guevara, basada en que el camino correcto de un pueblo deseoso de liberarse no podía depender de la voluntad de amos extranjeros, porque no se concibe un país libre con economía de extranjeros, funcionarios del gobierno hicieron efectiva la nacionalización de empresas como la Standard Oil conocida como (ESSO), United Fruit Company, Texaco, entre otras.
Administraciones de diversos países exceptuando los Estado Unidos, respetuosamente aceptaron los pagos acordados ya que las normas de derecho internacional contemplan la potestad de los estados a reivindicar sus bienes.
Este es el antecedente histórico de la Ley Helms Burton, engendro que pretende internacionalizar el bloqueo de los Estados Unidos hacia nuestro país.
Nunca será legal amparar la agresión burda y directa de personas, que incluso habiendo sido compensadas antes, hoy pretenden y pueden, presentar recursos legales contra instituciones cubanas.
La mal llamada ley para la libertad y la solidaridad democrática cubana niega hoy créditos para adquirir productos de primera necesidad para el país, impide la cooperación de otras naciones con la nuestra y dificulta la inversión extranjera.
¿Tenemos así libertad? ¿Esta ley es solidaria? No evidentemente. Su esencia es agresiva y hostil, no solo hacia Cuba, sino también hacia el resto de las naciones a quienes pretenden imponerla, aún en contra de su propio desarrollo, autonomía y deseo.
