Opuestas a gobiernos progresistas afloran hoy dos tendencias: una viril, enérgica y positiva; otra débil, fanática y negativa.
La primera se opone y denuncia toda forma de explotación, discriminación, violación de derechos cívicos, acciones terroristas corrupción y delitos, desintegración, entre otros males.
La segunda sobredimensiona o justifica las invasiones, el terrorismo de Estado, el vandalismo, la guerra, o la manipulación de la realidad, entre otros desmanes.
Del lado positivo están los que denuncian los crímenes donde quiera que se cometan, los ataques mediáticos o los armados contra gobiernos constitucionales elegidos democráticamente por los pueblos, la violación de la legislación vigente con fines de lucro o de opresión, el abuso de poder, la desinformación o las agresiones al ambiente.
Estos opositores en Cuba son la mayoría del pueblo, que ejerce el derecho a la crítica, la denuncia de hechos anticonstitucionales, de violaciones jurídicas, económicas o morales.
En este sentido, la sociedad cubana tiene creados una amplía gama de escenarios formales en los cuales el ciudadano expresa libremente sus opiniones, críticas, sugerencias o denuncias para que sean juzgados y corregidas, aunque los espacios informales los públicos exponen sus intereses e inquietudes.
Y sumado a ello, un periodismo militante y revolucionario, fiel a la causa de los oprimidos y defensor de la verdad.
La otra cara de la moneda son los opositores que en escuálida minoría, fabrican realidades infundadas en aras de desprestigiar a gobiernos, a fin de alterar el orden establecido, y revertir los actuales procesos políticos.
Esta considerada oposición amarilla utiliza diferentes máscaras según el teatro de operaciones, pero un mismo cuerpo y un mismo amo a quien obedecer.
En Corea se manifiesta en las operaciones militares conjuntas Corea del Sur-Estados Unidos. En Siria las llamadas bandas armadas. En Ecuador con la junta magnicida. En Venezuela una ultraderecha armadora de climas irreales ante el cacareado desacuerdo con las elecciones del 14 de abril. En Cuba, ni cortos ni perezosos, grupos disidentes promueven cabecitas de playa.
No está en la agenda de la oposición amarilla la defensa de la libertad, la soberanía, la independencia, el respeto constitucional. Por el contrario, son blancos de sus balas envenenadas.
¿Qué fórmula esperanzadora pueden ofrecer quienes aplauden las guerras de rapiña; los que glorifican a terroristas como Posada Carriles; los que no reclaman justicia por los bombardeos atómicos a Nagasaki e Hiroshima, o la reivindicación de los esposos Rosenberg; los que apoyan la privatización de la salud pública, la educación y la seguridad social; los que no reclaman cordura a quienes lanzan indiscriminadamente gases contaminantes al ambiente?
Opositor es un concepto digno para nombrar a los que odian y destruyen, más vale reconocerlos como traidores.
