
Rex Tillerson. Foto: Getty Images
Parece que la nueva presidencia norteamericana viene con la más grosera prepotencia como bandera y ha decidido desechar el poquito recato con que ese Gobierno había estado velando sus ambiciones geopolíticas.
Las irritantes balandronadas de Rex Tillerson, candidato de Donald Trump para dirigir el Departamento de Estado, demuestran el salvajismo que caracterizará la política exterior de ese país durante este mandato, y revelan la profunda ignorancia y la escasísima inteligencia del equipo encabezado por el magnate inmobiliario.
¿Quién le dijo a ese señor que Cuba debe “rendirle cuentas” a los Estados Unidos? ¿No se ha enterado que hace ya 58 años somos un país libre, independiente y soberano, que no le rinde cuentas a nadie, salvo a nuestro propio pueblo?
En una audiencia ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado, Tillerson dijo que “nuestro reciente acuerdo con el Gobierno de la mayor de las Antillas no fue acompañado por ninguna concesión importante. No los hemos hecho rendir cuentas por su conducta”.
Agregó que “quisiera examinar el criterio por el cual la nación caribeña fue excluida de la lista de naciones que apoyan el terrorismo y ver si esa exclusión fue apropiada y si las circunstancias que condujeron a la exclusión aún existen”.
Según la AFP, el ex presidente de la trasnacional ExxonMobil también apoya que el presidente electo vete cualquier ley que implique el levantamiento del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a la Isla.
En sentido general, manifestó su oposición al acercamiento entre Washington y La Habana, declarando que las altas figuras del gobierno cubano “recibieron mucho” mientras la población “recibió poco”, completa la citada agencia noticiosa.
Afirmaciones como esta solo pueden ser defendidas por personas muy ignorantes de la realidad cubana, o muy malintencionadas, y quizás ese señor reúna en sí mismo ambas condiciones.
Simultáneamente, y como para demostrar la gravedad del error en que este incurre, el presidente de Engage Cuba, recalcó que “durante 55 años, el embargo (bloqueo) ha fracasado, no ha logrado promover el interés de la nación norteña en Cuba, y ha hecho fracasar a las empresas estadounidenses”.
“La noción de que funcionará en el año 56 (del bloqueo) es una definición de locura”, agregó Williams.
Tales declaraciones coinciden con la nueva iniciativa legislativa promovida por el Grupo de Trabajo Cuba House, en la Cámara de Representantes de ese país, para levantar el bloqueo.
Son ellos los congresistas republicanos Tom Emmer, Mark Sanford, Ted Poe y Justin Amash, y los demócratas Kathy Castor, Don Beyer, Jim McGovern y Mark Pocan.
El proyecto legislativo, titulado Ley de Comercio con Cuba, permitiría a las industrias del sector privado del país comerciar libremente con la capital cubana, eliminando así las restricciones unilaterales impuestas por la Casa Blanca desde 1962, amplía el despacho de Prensa Latina.
El pasado 6 de enero este grupo bipartidista presentó otro proyecto de ley para liberar los viajes de ciudadanos estadounidenses a la nación antillana y eliminar las restricciones que les impiden viajar con fines turísticos.
Donald Trump y su candidato a secretario de Estado siguen amenazando con regresar las relaciones con Cuba a la era de las cavernas, pero no les será fácil revertir lo avanzado, pues enfrentan la oposición de la mayoría de la población norteamericana, de los propios emigrantes cubanos y sus descendientes, y confrontarían los intereses de poderosas compañías estadounidenses.
Según el sitio Engage Cuba, actualmente existen 10 aerolíneas comerciales estadounidenses con vuelos directos a Cuba, las principales líneas de cruceros y hoteles norteamericanas operan en la isla por primera vez en 55 años, y el interés del estadounidense por viajar a la mayor de las Antillas se dispara, aun cuando este es el único país en el mundo al que se le prohíbe ese derecho.
Ni mencionar el costo que tendría para su política internacional retornar a la fallida estrategia anticubana de los Reagan y los Bush, que había condenado a la mayor potencia mundial al completo ostracismo.
Independientemente de lo que haga el nuevo equipo de la Casa Blanca, Cuba reitera su disposición para dirimir cualquier diferencia de forma pacífica, mediante el diálogo en pie de igualdad soberana, pero este país ha demostrado su capacidad para resistir cualquier intento externo de menoscabar su soberanía.
No, señor Tillerson: Cuba no va a rendirle cuentas a usted ni a nadie, y el solo hecho de exigirlo constituye una gran falta de respeto, que merece una bofetada.
