¿Qué esperan los sucesivos gobiernos de Estados Unidos con la aplicación del bloqueo contra Cuba?
Reducir a cero las exportaciones e importaciones de la Mayor de las
Antillas con EE.UU y el resto del mundo.
Asfixiar por hambre y necesidades al pueblo cubano.
Provocar la rebelión interna.
Confundir a la opinión pública interna y externa sobre la realidad del efecto del bloqueo.
Estimular el descontento entre los revolucionarios y fundamentalmente en la juventud cubana.
Ignorar a escala mundial los logros alcanzados por la Revolución cubana a pesar del bloqueo.
Asesinar a los líderes históricos de la revolución.
Satanizar las reivindicaciones sociales logradas en Cuba.
Desprestigiar el sistema democrático establecido en la isla caribeña.
Derrocar al sistema socialista cubano.
Estas y muchas más respuestas, todas tenebrosas, cubren la agenda del bloqueo establecido oficialmente en el año 1962 y decretado como Ley en 1992.
A ningún presidente estadounidense durante estos años le ha temblado la mano para, no solo sostener, sino incluso para recrudecer el bloqueo, aún cuando por sus consecuencias pudieran no tener acceso a la educación, la salud pública, a un empleo seguro, a una vivienda digna, y una jubilación garantizada millones de cubanos. Utilizar este genocida método para comprar conciencias, pisotear la cultura patria, sin descartar el financiamiento de las acciones terroristas, armadas y mediáticas, presentes en todos estos años de duro bregar de la patria de Martí.
Pero tampoco les tiembla la mano para venderse como los legítimos defensores de los derechos humanos, solo falta descifrar a qué derechos y a qué humanidad se refiere el gran poderoso.
Los acaudalados del bloqueo cifran sus esperanzas en las partidas de dólares que cada año asigna el gobierno estadounidense para apoyar la subversión en la Isla, mas los efectos esperados por la medida imperial no garantizan el éxito soñado.

