!El compadre Arturito!

Arturito, el protagonista de esta crónica, fue feliz en Cuba, un país de derechos. Imagen: Cubadebate.

Por la cuadra se propagó la noticia de su muerte. No era cierto. Y fue una agradable sorpresa cuando lo vi recostado a la pared en la entrada de su hogar.

La leucemia lo atacó desde hace varios años, y no le falta una atención esmerada, tan habitual en Cuba, donde la medicina lo ha rescatado del adiós definitivo en varias ocasiones. Precisamente ha vuelto a la barriada después de estar hospitalizado y ganarle otro combate a “la pelona”.

El dúo comenzó la tertulia. Nos quejamos del mal estado de la calle, con tantos huecos, alcantarillas destapadas y salideros. “En San Miguel del Padrón podrían entrenar los aspirantes a correr los tres mil con obstáculos. ¡Qué clase de pista encontrarían!”, bromeamos.

Intercambiamos opiniones relacionadas con la preocupación por nuestro béisbol, luego fuimos a comprar el pan y a devorar unos dulces en la cafetería de “La China”.

No hay comentarios sobre las próximas elecciones, ni profundizamos en los problemas del planeta. “El mundo está de madre”, fue lo que atinó a decir y lo apoyo. No es un hombre de hondas preocupaciones políticas, no las muestra a toda hora al menos, ni de alharaca revolucionaria.

Tiene imperfecciones. Es demasiado reservado y lacónico. La tristeza lo azotó desde pequeño y lo oscurece en muchas oportunidades. Ah, el latigueo de la enfermedad ahora, ¡Dios mío! Y he conocido a tantos individuos dados a vociferar consignas y lemas que se han rajado en el momento de la verdad; y si la situación se pone difícil,  incluso entregan lo que no se entrega cuando la moral es verdadera.

Domingo de la votación. Ocupo mi puesto como vocal en una mesa, sirvo de enlace y llevo con una pionera la boleta a varias personas que lo exigieron, heridas por el paso de los años o una fractura repentina de su salud. Se hace porque desean cumplir con su deber de situar la cruz en la casilla del quien piensen mejor. Alegría al final: porcentaje justo, a la altura del momento, en el lugar que me tocó,

A la mañana siguiente cumplo con una reunión de la dirección del Círculo de Periodistas Deportivos. Cuando retorno a mi casa, la noticia me conmueve: la muerte se llevó a Arturito a pesar de los esfuerzos de los médicos; le fallaron los riñones.  Esa misma tarde, Armando, quien estuvo al frente de una de los locales electorales, me dice:

— ¿Viste lo de Arturito?.

Con la cabeza asiento. Mi interlocutor continúa.

— Compadre, aquella mañana, con paso lento, el rostro bastante pálido, llegó, pidió su boleta y votó. Cuando se iba, comentó bajito:

— A lo mejor pensaban que yo no iba a votar porque no pedí que fueran por mi casa. No quise molestarlos y preferí venir personalmente a cumplir con este derecho que no me lo quita nadie.

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