
Foto: Teresa Valenzuela/Montaje: Yelemny Estopiñán Rivero
Agustín López Díaz guarda hace 57 años el combate de Covadonga en Playa Girón en un lugar especial de sus recuerdos.
“Nosotros supimos que se había producido un desembarco de mercenarios que avanzaba de Playa Girón hacia las profundidades de la Ciénaga de Zapata.
“Salimos por la carretera de Yaguaramas hacia Covadonga y llegando al central de igual nombre, vimos a los primeros grupos de paracaidistas que saltaban y ahí comenzamos los enfrentamientos con los mercenarios.
“Según avanzamos en el combate, ellos se fueron retirando por la carretera que va de Covadonga a San Blas. Cerca de allí, en la zona de Soplillar, vimos cómo los aviones continuaban con la caída de paracaidistas a los que se enfrentaban las fuerzas cubanas.
“Llevábamos fusiles FAR, subametralladoras, ametralladoras bípodes 7.92 que lo mismo servían para la defensa antiaérea que terrestre; y a tiro limpio los obligábamos a retirarse”.
López Díaz destacó también que al principio los invasores ofrecieron resistencia, pero cuando vieron que el avance era inmenso se retiraron de sus posiciones y comenzaron a salir hacia atrás, buscando la carretera, desplegándose para volver a su punto de salida que era Playa Larga y Girón.
“Vimos caer a muchos; tenía un compañero del batallón que se llamaba Walfrido. Él me decía que yo era su hijo y siempre estuvo al lado mío. Lo vi caer mortalmente herido en la carretera al ser impactado por una ráfaga de ametralladora, a menos de un metro donde me encontraba. Su muerte nos llegó al alma”.
Luego de 57 años López Díaz afirma que Playa Girón significó mucho para él. “Nunca había estado en un combate de esa índole; sí había estado en el Escambray pero no fue igual. Eran alzados aislados, pero esta vez había fuerzas bien preparadas, armadas y entrenadas; lo que pasaba era que no tenían ni moral ni prestigio para enfrentarse a nosotros.
“Al entrevistar a los prisioneros cada uno decía que era cocinero y que no tenía que ver con el desembarco, que los engañaron pues les dijeron que nada más era llegar y entrar, e ir para La Habana porque todo estaba en sus manos”.
De manera especial recuerda al fallecido comandante Duque, quien iba al frente del combate, muy valiente y bravo, quien los exhortaba a avanzar hasta la victoria.
