Ramón Areas Martínez, sangre mambí en Playa Girón

Ramón Areas Martínez. (Foto: Teresa Valenzuela)

Ramón Areas Martínez. (Foto: Teresa Valenzuela)

Ramón Areas Martínez confiesa que se sintió orgulloso y feliz aquel 19 de abril, Día de la Victoria de Playa Girón, una jornada que quedará para siempre en sus recuerdos, porque ofreció su granito de arena al triunfo contra el imperialismo.

A la distancia de 58 años de los combates de Playa Girón, recuerda la audacia de los compañeros, la tristeza por los caídos, y la decisión de todos de vencer a los mercenarios al precio que fuera necesario.

Era abril de 1961 y en aquellos días era jefe de seguridad de la base aérea de San Antonio de los Baños, antigua provincia de La Habana.

“A otro compañero de la Base y a mí, nos dieron la misión de trasladar para la zona del Central Australia, paso obligado en el camino de Jagüey Grande hacia Playa Girón, dos emplazamientos de un arma conocida por cuatro bocas, para situarlas donde se encontraba la comandancia del Comandante en Jefe Fidel Castro, con el objetivo de proteger la posición, y la vida del líder de la Revolución”.

Un grupo de milicianos con una "cuatro bocas", arma antiaérea en Playa Girón. (Foto: El Mundo)

Un grupo de milicianos con una “cuatro bocas”, arma antiaérea en Playa Girón. (Foto: El Mundo)

“Al otro día de estar allí nos atacaron los aviones enemigos, que fueron recibidos a fuego limpio por nosotros, a tal punto que uno de ellos cayó en picada al ser alcanzado, estrellándose después, mientras que el resto se fugaba hacia el norte”.

Areas Martínez parece buscar las palabras exactas para continuar la narración cuando dice:

“Después de eso nos dan la orden de que continuemos hacia Playa Girón con una de las piezas, con el objetivo de impedir que las lanchas mercenarias recogieran a los invasores que ya estaban derrotados, y se los llevaran hacia los Estados Unidos, lo cual cumplimos cabalmente, ya que abrimos fuego contra ellas, agujereamos las embarcaciones, y no tuvieron más remedio que salir huyendo despavoridos”.

Procedente de una humilde familia en un poblado conocido por Rancho Viejo, en Medialuna, municipio Manzanillo, provincia Granma, Areas fue miembro del movimiento revolucionario 26 de julio, donde colaboró con la compañera Celia Sánchez, recolectando armas, balas y otros avituallamientos para el Ejército Rebelde, hasta que al ser delatado por un traidor, se alzó en la Sierra Maestra, donde permaneció 22 meses como combatiente de la columna número uno de Fidel Castro.

Años atrás Ramón fue herido en las dos piernas en la Batalla de Guisa, Granma, que comenzó el 20 de noviembre de 1958, la cual resultó una victoria para el Ejército Rebelde, y un golpe irreparable para las tropas del tirano. Después regresó a La Habana para recuperar la salud, y continuó como combatiente en las filas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias por más de dos décadas.

No oculta el orgullo al decir que es nieto del Comandante del Ejército Mambí Juan Areas García, por lo que con regocijo contó la siguiente anécdota: “Mi abuelo estaba ansioso porque alguno de sus hijos o nietos se alzara contra Batista en la Sierra Maestra; por eso cuando yo le conté que me iba me contestó de inmediato y feliz: vete”.

Días después -dice Ramón-, llegó a la casa la guardia rural preguntando por mí, y el abuelo con valentía les dijo: “Si le ponen una mano encima a mi nieto los lleno de plomo”. Lo vieron tan resuelto a cumplir sus palabras que dieron la vuelta y no volvieron más, afirma el valeroso combatiente de Playa Girón.

Versión de trabajo publicado en Radio Rebelde

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