
El desfile del Primero de Mayo en la Plaza de la Revolución José Martí, en La Habana. (Foto: Abel Padrón Padilla/ACN)
Ese hombre en aquel acto del Primero de Mayo me hizo saltar de indignación. Por poco le voy para arriba, muchacho. El sol fustiga y yo caminando con el cansancio mayor que da mi edad, y que me salga con esa frase; óyela bien…
“Tú ves tanta gente en la Plaza de la Revolución y el montón que desfila en las demás provincias: están obligados (…)”.
Ves, esa cara adusta que has puesto, la puse yo y me preparé para el ataque. Él sonrió y antes de que le cortara el paso a sus expresiones y fuera más allá…
“¡Cómo no estarlo! Yo mismo, ¿por qué vengo? Me obligan pero no con el fusil en la espalda como dicen los de allá enfrente. El fusil lo agarré contra los bandidos alzados, cuando la invasión a Playa Girón y la Crisis de Octubre y, ahora, con muchos años más, conozco dónde está bien engrasadito y el lugar de la capital cubana que me toca proteger”.
Respiraste más tranquilo; yo también respiré así y me dispuse a seguir escuchándolo.
“La obligación viene desde adentro de uno, de la historia, de lo que hemos hecho para fortalecerla. Desde las etapas iniciales tan duras; bueno, ¿cuándo han sido flojas?
“Hubo mártires, un sinfín de lesionados por culpa de los terroristas pagados por los yanquis. Miles cayeron al enfrentar la tiranía y ya con el pueblo en el poder, murieron muchos para defender esto tan hermoso que está muy por encima de las conquistas materiales a pesar de ser grandes: la libertad y la dignidad son su tesoro más preciado, y las fuimos a proteger en otras tierras”.
El hombre seguía entusiasmado en medio del desfile:
“Alfabetizar, cortar caña, batirnos con las armas en las manos… Eso no se va. De un pequeño burgués come… eso mismo, crecí en la mente, vaya, en el corazón, y no me acuses de romanticoide: es así.
“Esa lucha me ha hecho mejor, aunque no soy perfecto: tampoco lo que hemos construido. Hay errores, es cierto, Ah, allá enfrente está el horror. ¿Cómo vamos a buscar la solución a nuestros problemas allá o en sitio que se parezca, si de allí han venido las fundamentales agresiones?”
Su garganta no encontraba el freno:
“Esos líos los tenemos que resolver nosotros mismos. Batallar muy juntos, como un puño cerrado, para caer arriba de la maldad y nuestras deficiencias que siembran tanto daño como los del Norte. Y a combatir lo injusto de adentro y de afuera, de donde venga.
“Es pulir una pieza para dejarla sabrosa. Aquí están el Partido Comunista de Cuba, la Unión de Jóvenes Comunistas, las diversas organizaciones; Fidel y Raúl Castro siempre van a estar, y siempre nos llaman a pelear por lo correcto con esa visión de cambiar lo que deba ser cambiado con los pies sobre el terreno, sin abandonar los sueños, la esperanza, la fe. Lo enseñó el Comandante en Jefe mucho más allá de las palabras, y lo sintetizó en su concepto sobre la Revolución un Primero de Mayo”.
Mirando hacia el horizonte se despidió:
“Cómo no vamos a estar obligados a desfilar, mi hermano (…)”. Que el enemigo sepa que acá seguimos siendo la Revolución… Bueno, no te descargo más.
Mi esposa me ha sacado un buen trecho y quiero encontrar a mi hijo que trae cargado sobre los hombros a mi nieto, como yo lo traje a él a los actos en la Plaza de la Revolución cuando era pequeño. Escribe ahí, reportero, que ella, él, yo, todos, estamos obligados a venir: no podemos fallarles a la patria, a la gloria vivida y por vivir”.
