El referendo constitucional del que nos separan unos pocos días resulta, sin dudas, una vivencia inédita para la mayoría de los cubanos.
Ese criterio se sustenta en la circunstancia de que la mayoría de la población cubana actual nació después de 1959, por lo que, por ejemplo, los que ya tenemos más de 55 años, en 1976 aún no éramos electores, debido a ser menores de 16.
Ello evidencia que entonces no pudimos ser protagonistas ni de la consulta popular que se realizó a través de las organizaciones de masas y de la Central de Trabajadores de Cuba, ni de las votaciones. Conocimos de ese proceso de manera indirecta.
Ahora a nosotros y a los más jóvenes nos ha tocado, quizás por primera vez de manera tan exhaustiva, acercarnos a un documento legal de fuerza mayor y aportar a su construcción.
Los voceros del imperialismo yanqui, enemigo histórico de nuestro pueblo, apostaron a que los cubanos mostraríamos indiferencia ante el proyecto de Constitución.
Como les sucede una y otra vez, pecaron por ignorantes y recibieron como una bofetada el activo protagonismo popular, debatiendo y aportando a su constitución.
El hecho de que, como ha informado la más alta dirección del país, la población modificara más del 60 por ciento del articulado de la ley demuestra, en primer orden, el elevado nivel cultural que existe en Cuba, gracias a la obra de la Revolución.
Desde otra arista revela que, aunque parezca que estamos inmersos y cautivados por el ciberespacio –que existe como un espejismo o especie de mundo paralelo–, los de aquí vivimos con los pies sobre la tierra y el corazón y la mente colocados en preservar la Patria que conquistaron para nosotros nuestros abuelos mambises y nuestros padres rebeldes.
Este 24 de febrero, día en que celebramos el aniversario 124 del reinicio de nuestras contiendas independentistas, o del inicio de la Guerra Necesaria organizada por José Martí, la mayoría de los nacidos en esta isla corazón diremos “sí” por Cuba, no por casualidad, sino porque somos continuidad, como ofrenda al siglo y medio de la revolución, desde Carlos Manuel de Céspedes hasta Fidel Castro.

