Proyecto de Constitución de la República: democracia multiplicada

“Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”. José Martí

El Proyecto de Constitución de la República de Cuba por estos días se debate con el protagonismo de los colectivos laborales y de los pobladores de cada barrio o comunidad.

Antes de ese proceso ya había avanzado por eslabones primarios que le dieron forma y contenido.

Durante varios meses, tras una rigurosa investigación, que incluyó constituciones de otros países afines, se laboró en el anteproyecto.

Esa estratégica tarea la realizó el Consejo de Gobierno del Tribunal Supremo Popular de Cuba, liderado por su presidente el doctor Rubén Remigio Ferro, quienes trabajaron en la elaboración del documento que sería llevado a consideración de la Asamblea Nacional del Poder popular.

En tanto, al llegar al Parlamento Cubano, éste creó en su seno una comisión bajo el liderazgo del primer secretario del Comité Central, Raúl Castro Ruz, con el objetivo de someter a análisis y valoración pormenorizada el documento, al cual se le realizaron decenas de precisiones.

Seguidamente, tras el estudio concienzudo por parte de los más de 600 diputados al Parlamento, representativos de todas las zonas geográficas, grupos etarios, y organizaciones profesionales y sociales, debatieron y aprobaron el Proyecto de Constitución.

Por su parte, la máxima dirección del país concede especial atención al presente debate que acontece en cada barrio o comunidad, entre los vecinos, y en cada colectivo laboral, sitios en los que las personas acostumbran a decir lo que piensan como en su propia casa.

La amplia y espontánea participación popular es un peculiar ejercicio democrático, que pocos países podrían exhibir en medio del controvertido mundo actual.

El debate del Proyecto de Constitución cumple además con los fines estratégicos de que cada ciudadano sienta como suya a la ley fundamental de nuestro país y, consecuentemente, ello contribuya como motivación a materializar su cumplimiento en la práctica.

El elevado nivel escolar y cultural de la mayoría de la población cubana, como era de esperar, conlleva a que se realicen cientos de sugerencias para perfeccionar la ley de leyes, de la cual emanaran los restantes cuerpos legales.

Más allá de la diversidad de criterios y opiniones sobre varios temas, lo más importante es la unidad, la coincidencia y el consenso de ratificar el legado martiano y fidelista.

Ello se expresa en el compromiso con la garantía de la continuidad generacional de la Revolución, en una sociedad que se basa en la aspiración de José Martí: “Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.

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