Proyecto de Constitución ¿Por qué consultar a todos?

Diseño: Gilberto González García

Hemos escuchado —y leído— algunas críticas de personas que cuestionan la importancia de someter el Proyecto de Constitución a la consideración de todos los ciudadanos, incluso aquellos que “no saben nada de leyes”.

Ciertamente, en la mayoría de las asambleas de consulta hay planteamientos que demuestran poco dominio de los procedimientos y el lenguaje jurídicos; pero también hay ideas muy interesantes, ya sea que estén jurídicamente fundamentadas o necesiten ser reformuladas por un experto.

La sabiduría popular y la perspicacia del cubano están revelando incontables aspectos factibles de mejorar en el proyecto que se les escaparon a los redactores.

La inteligencia colectiva está rindiendo frutos, no porque el documento sea deficiente  —los analistas coinciden en la calidad del mismo—, sino por que toda obra humana es perfectible y millones de personas tienen menos oportunidad de equivocarse que una treintena de expertos.

Precisamente por eso se consulta a todos los cubanos, desde los más renombrados juristas, hasta los estudiantes de la enseñanza media; desde los académicos, hasta los encargados de la limpieza; desde los que viven aquí, hasta los que emigraron a cualquier lugar del mundo.

Sus aportes —los de todos y cada uno— son recogidos con respeto e imparcialidad por los dúos de personas instruidas para servir como facilitadores de las asambleas, quienes los remiten, sin discriminación, a las comisiones territoriales creadas para clasificar ese valioso material.

En su momento, una comisión de juristas evaluará cómo incluir en una nueva redacción del proyecto aquellas proposiciones que resulten válidas, ya sea porque reflejen la opinión mayoritaria de la ciudadanía o porque tengan evidente pertinencia, aun cuando fueran propuestas por una sola persona.

La Asamblea Nacional del Poder Popular debe aprobar el proyecto final, que será sometido a referendo, por el voto universal, libre, secreto y directo de los electores.

El saldo de este largo y complejo proceso no será solo una Constitución impecable, perfectamente ajustada a la realidad cubana y al momento actual, y respaldada, en calidad de autor, por todo el pueblo.

También quedarán otros beneficios muy importantes, como el incremento de la cultura jurídica de la población, la formación de miles de facilitadores capacitados para enfrentar futuros procesos democráticos, un grado superlativo de experticia en todos los juristas que participen…

Por último, y mucho más importante, será la máxima demostración de democracia participativa de la historia y la prueba más efectiva del incólume respaldo popular a la Revolución y al socialismo cubano.

Aquellos quienes apostaron por el desgaste del proceso revolucionario, a merced del tiempo y los cambios generacionales, tendrán una respuesta tan contundente que debería disuadirlos de todo intento por subvertir el sistema que, soberanamente, nos hemos dado los cubanos.

Nuestros enemigos, sin embargo, seguirán obcecados en acusarnos de dictadura, pero ahora será mucho más escandalosa la ridiculez de sus mentiras.

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