
Entrada de Fidel Castro a La Habana en 1959. Foto: Periódico Escambray
“(…) lentamente sin jinete un caballo para ti”, impresionante final y comienzo de una de las canciones más hermosas compuestas por Raúl Torres.
Dicen que en la plaza en estos días
se le ha visto cabalgar a Camilo y a Martí
Y delante de la caravana,
lentamente sin jinete un caballo para ti.
No podían ser otras las imágenes de este trovador nacido en Bayamo, la ciudad cuyos habitantes prefirieron quemar antes que entregarla al ejército colonial español, suceso que se convierte en símbolo de la determinación de los cubanos por conquistar su libertad.
Meses antes este territorio se convirtió en la capital de la República en Armas y fue ella, además, la primera ciudad libre de Cuba donde se cantó el Himno Nacional, marcha que hace alusión directa a sus habitantes: “Al combate corred, bayameses (…)”.
Es precisamente de esta localidad donde anida el Bayam, árbol de la sabiduría, frondoso y de buena sombra, que llega al pentagrama nacional cubano Raúl Torres, quien desborda lirismo en cada uno de su textos, y que tiene el sentido exacto para poner ahí en donde más se siente la palabra o la nota que nos deja sin aliento.
Hombre, los agradecidos te acompañan
Cómo anhelaremos tus hazañas
Ni la muerte cree que se apoderó de ti.
Y es que por tantos años, aunque sus enemigos lo quisieron muerto, Fidel Castro permanecía ahí, los leales a su pensamiento afirmaban que caminaba sobre el agua y era capaz de desviar fenómenos atmosféricos para salvar de sus embates a los ciudadanos.
Desde que llegó a La Habana aquel 8 de enero de 1959 y por bastante tiempo, hay quienes lo identificaron con la figura equina que sirvió de artilugio mítico de la Guerra de Troya, y es que no se conoció ocasión en que sentenciando un suceso o razonando sobre un asunto dejara de tener razón.
En la canción Cabalgando con Fidel, poema escrito en momentos en que el guía, tan universal como su maestro inició el tránsito hacia otro plano de esta galaxia, Torres lo ubicó como siempre estuvo “delante de la caravana”.
Dicen que en la plaza esta mañana
ya no caben más corceles
llegando de otro confín.
Una multitud desesperada
de héroes de espaldas aladas
que se han dado cita aquí
Y delante de la caravana,
lentamente sin jinete un caballo para ti.
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