
Con sus certeras palabras, Fidel continúa señalando el futuro de Cuba. Diseño: Gilberto González García
A un año de que el invicto líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, partiera del mundo terrenal para sembrarse en la inmortalidad como el caguairán de madera incorruptible que siempre fue, resuena su voz de padre con el oportuno consejo, y así será por siempre.
Cada fecha nos recuerda a Fidel, porque cada día de su vida hizo algo por la patria, bien detrás del fusil en la enmarañada selva que cubre las montañas del oriente cubano; bien desde aquel parque, cuando al fin los mambises entraron en Santiago de Cuba; bien desde ese otro balcón, donde surgió su genial idea de aglutinar al pueblo revolucionario en una organización gigante; bien desde la tribuna de la Organización de Naciones Unidas.
Hasta desde su lecho de enfermo nos llegaron sus palabras orientadoras, reflexivas, alentadoras, y críticas cuando hizo falta. Siempre con la claridad y precisión que caracterizaban sus discursos, siempre con la ética y el respeto que caracterizaban a Fidel.
Y hoy nos vienen a la memoria sus palabras, contenidas en un mensaje enviado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, reunida en sesión ordinaria, y que fuera leído a los diputados el 27 de diciembre, hace ya 10 años, en el cual convoca a seguir marchando sin detenerse un minuto.
“Es legítimo nuestro orgullo cuando estamos próximos a cumplir 50 años del triunfo, porque hemos resistido durante casi medio siglo al imperio más poderoso que se ha creado en la historia”, comentaba el líder cubano en su nota.
También calificaba como paradigmas de firmeza y lealtad a la Revolución a los cinco luchadores antiterroristas cubanos que aún permanecían presos en cárceles de Estados Unidos:
“Afortunadamente las conductas ejemplares siempre se multiplican en la conciencia de los pueblos, mientras exista nuestra especie”, y aseguraba que: “[…] muchos jóvenes cubanos, en su lucha contra el Gigante de las Siete Leguas, harían lo mismo.
“Todo puede ser comprado con dinero menos el alma de un pueblo que jamás se puso de rodillas”, sentenció.
Muchas son las enseñanzas que podemos extraer del pensamiento de Fidel Castro, muchas las experiencias que podemos obtener de sus logros, de sus geniales ideas, pues su mente poderosa está en cada obra de la Revolución.
También debemos aprender de sus errores, los que nunca justificó ni negó, porque cuando se crean cosas nuevas siempre se corre el riesgo de equivocarse, pero los hombres sabios, en esos trances, se detienen un momento para evaluar el fallo y corregirlo.
Hoy que Cuba atraviesa momentos difíciles debidos a la situación internacional y la descabellada política del actual inquilino de la Casa Blanca, debemos más que nunca escuchar la palabra de nuestro Comandante en Jefe y poner en práctica sus ideas para salvaguardar lo que ya está creado y crear mucho más.
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