
Efusión compartida entre los rebeldes y los habitantes de La Habana con la llegada del Comandante en Jefe. Foto: Cubadebate
Este 2 de enero se cumplen 59 años de la salida de la Caravana de la Libertad, encabezada por Fidel Castro, rumbo a La Habana desde Santiago de Cuba por el camino viejo de El Cobre, que posteriormente tomó la Carretera Central hasta Palma Soriano.
Integrada por los victoriosos combatientes de la Sierra Maestra, a su paso por Jiguaní la población corrió hacia la vía y en Santa Rita había un cordón humano esperándolos a ambos lados.
Se detuvo en Cautillo y a las 23:00 hora de Cuba estaba en el Ayuntamiento de Bayamo. En horas de la tarde del día 3 llegó al Instituto Politécnico de Holguín, donde le hacen una entrevista al Comandante en Jefe.
Luego pasó por Las Tunas y penetró en áreas camagüeyanas al amanecer del 4 de enero, donde fueron recibidos por las autoridades de la provincia.
En la Plaza de la Caridad del territorio oriental, el líder de la Revolución dijo: “Cuando atravesaba las calles de esta ciudad (…) parecía que todo era una alegría inmensa en los rostros, y yo pensaba (…) detrás de cada rostro que se alegra, ¿cuántas preocupaciones habrá? ¿Cuántos de aquellos hombres y mujeres que caminan, que rebosan de júbilo, cuántos tendrán trabajo? ¿Cuántos tendrán un centavo en el bolsillo? ¿Cuántos tendrán la seguridad de que si se enferma su hijo o un hermano van a tener con qué comprarle una medicina? (…).
“Estoy seguro de que detrás de aquellos rostros de aquel hombre o mujer humilde, cuando pase el instante y vuelvan a su casa, volverán a su mente el cúmulo inmenso de preocupaciones de cada uno de ellos (…). La libertad no es todo. La libertad es la primera parte, es la libertad para empezar a tener el derecho a luchar”.
El mismo día 3 arribó la Caravana a Santa Clara. Al mediodía del 5 de enero Fidel Castro le habló al pueblo frente al parque Leoncio Vidal y lo invitaron a Cienfuegos, localidad en la que también pronunció emocionadas palabras a sus habitantes.
El 7 de enero llegaron a la cervecería de Manacas. La siguiente parada la hicieron en la ciudad matancera de Colón, donde el Comandante en Jefe conversó con el capitán Julio Chaviano Fundora.
En la madrugada del 8 de enero la Caravana arribó a Cárdenas, momento que Fidel aprovechó para visitar la casa de José Antonio Echeverría. Allí abrazó a la madre del mártir y a sus familiares.
En La Habana

Fidel Castro saluda a los habaneros a su llegada a la capital cubana. Foto: Glinn Burt/Cubadebate.
Ese mismo día hace su entrada la Caravana de la Libertad en el municipio habanero del Cotorro, donde el jefe del Ejército Rebelde se abrazó con su hijo Fidelito y, más tarde, en la Virgen del Camino se le sumó Camilo Cienfuegos.
Posteriormente, pasó frente al Castillo de Atarés, los elevados del ferrocarril y la planta eléctrica de Tallapiedra.
Frente a la sede de la Marina de Guerra, atado al muelle, estaba el yate Granma. Fidel se bajó del tanque y abordó la embarcación, en unión de una comitiva de oficiales rebeldes.
Se desviaron por la Avenida de Las Misiones y llegaron al otrora Palacio Presidencial (hoy Museo de la Revolución). Desde su terraza norte, luego de que Manuel Urrutia, el presidente provisional, presentara al máximo líder, este le habló al pueblo.
A continuación, la Caravana prosiguió su camino por el Malecón y subió por la calle 23. En la sede del actual Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) Fidel Castro conversó con algunos artistas y en medio de la alegría popular siguió rumbo a Marianao.
La honestidad y el compromiso con el pueblo marcaron las palabras del líder cubano en el cuartel militar Columbia (hoy Ciudad Escolar Libertad):
“Se ha andado un trecho, quizás un paso de avance considerable. Aquí estamos en la capital cubana, aquí estamos en Columbia, parecen victoriosas las fuerzas revolucionarias; el Gobierno está constituido, reconocido por numerosos países del mundo, al parecer se ha conquistado la paz; y, sin embargo, no debemos estar optimistas.
“Mientras el pueblo reía hoy, mientras el pueblo se alegraba, nosotros nos preocupábamos; y mientras más extraordinaria era la multitud que acudía a recibirnos, y mientras más extraordinario era el júbilo del pueblo, más grande era nuestra preocupación, porque más grande era también nuestra responsabilidad ante la historia y ante el pueblo de Cuba”.

Las palomas junto al líder de la Revolución quedaron en la historia como signo de la libertad recién conquistada. Foto: Cubadebate
(Con información de EcuRed)
