
Fidel fue un amante y defensor de los deportes. (Foto: http://static.emol.cl)
No, no debemos pensar que es la despedida al último revolucionario, pues no es el último ni mucho menos. No debemos creer que con Fidel Castro solo se va un hombre de política, debemos ir más allá de las oficinas y los micrófonos, de los discursos, a las acciones.
Fidel no solo era un genio de la política, sino también un atleta consagrado, no solo en el alma, sino en cuerpo y disposición. Igualmente siempre supo que el deporte era algo inherente a ser cubano y dedicó grandes esfuerzos al desarrollo del mismo en Cuba.
No pocas son las anécdotas que lo recuerdan jugando baloncesto en la Ciudad Deportiva o compartiendo ese deporte que amaba en salas polivalentes junto a estudiantes o deportistas consagrados, encestando balones al tiempo que elaboraba estrategias.
Tampoco perdía tiempo a la hora de arrojarse a una piscina a dar unas brazadas, momentos de los que dejó fotos que pueden ser definidas como de las más interesantes que quedarán para la posteridad.
La pelota fue otra de las tantas cosas que le apasionó y se le recordará ligado a ella y sus protagonistas a lo largo de la historia del béisbol revolucionario cubano, un béisbol que él ayudó a fundar desde cero y en el que tuvo más de un momento remarcable.
No solo se destacó en las canchas, sino que nos dio un Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación, que se ha dedicado a lo largo de 50 años a formar los talentos que tantas alegrías nos han dado, para poner a las cuatro letras que dicen CUBA en lo más alto, como orgullosamente lo hicieran Stevenson, Figuerola, Mijaín, Azcuy, las “Morenas del Caribe” y otros.
Hoy se le recuerda a Fidel de muchas maneras, y el deporte será una de ellas, pues llora la pérdida de un atleta único y singular, que lejos de recibir el tercer strike aprovechó su tiempo para dar varios jonrones con bases llenas y dejar la casa limpia para llevarnos delante en el marcador.
