Los moncadistas vencieron a la muerte y entraron a la eternidad

Foto: Periódico Vanguardia/Montaje: Yelemny Estopiñán

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Al ocurrir el golpe del 10 de marzo de 1952, Gildo Miguel Fleitas López está entre los primeros en incorporarse al movimiento insurreccional que organiza el líder histórico de la Revolución, Fidel Castro.

Aunque formalmente pertenece a la célula de La Ceiba, dirigida por Fernando Chenard, desarrolla tareas especiales directamente a las órdenes del jefe del movimiento: búsqueda de dinero, adquisición de uniformes y armas, así como trasiego de los mismos.

Nació el 19 de mayo de 1920 en Arroyo Arenas, municipio habanero de Marianao. Estudia la enseñanza primaria completa con una beca para niños pobres en el Colegio de Belén, con sede en ese territorio.

Además, cursa el técnico medio en estudios comerciales que no termina, y, al mismo tiempo, idioma inglés, mecanografía y taquigrafía, lo que le permite impartir estas materias como profesor en el centro jesuita donde recibió clases y en el que se relacionó después con el Comandante en Jefe.

Militante del Partido Ortodoxo (1950), apoya la candidatura a Representante de este, prácticamente como su secretario y encargado de la promoción radial, envío de circulares personales y colaborando en las investigaciones de los negocios ilícitos del presidente Carlos Prío Socarrás.

Meses antes de los sucesos del verano de 1953, pasó a ser administrador en La Habana de una firma propietaria de un central azucarero y grandes fincas productoras de caña de azúcar y de arroz, posición que facilita que Abel Santamaría sea contratado allí como contador y que Fidel Castro atienda los asuntos legales, lo que les permite enmascarar sus actividades revolucionarias.

Con ingresos de dos mil 400 pesos al año, el 28 de mayo de 1953 Gildo se casó; su esposa estaba embarazada cuando el 24 de julio partió de la capital cubana como chofer de un Dodge en el que transportó a Reinaldo Benítez, Israel Tápanes, Carlos González, Armelio Ferrás y Gerardo Sosa; de los grupos de San Rafael, Lucena y San Lázaro, respectivamente.

Tras breves instantes en Santiago de Cuba, llegó a Villa Blanca, una granjita en la carretera hacia la playa de Siboney. Asignado al destacamento que tenía como misión penetrar al cuartel Moncada, combatió al lado del también asaltante Pedro Miret en la posición más cercana a la posta tres, donde perdió la vida.

Al caer en combate tenía 33 años de edad, y la certeza al igual que cada uno de los que participaron en los sucesos del 26 de julio, de que no sería en vano sacrificar la vida por la patria.

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