Lulo y Fidel Castro

Foto: Raquel Pérez Díaz

Foto: Raquel Pérez Díaz

En estos días no he podido hablar con mi abuelo Obdulio Machín y eso me preocupa. Quiero saber cómo está, aunque lo intuyo. No está bien y aunque se esfuerce en disimularlo, seguramente la mayoría de las personas lo notan.

Dice el vecino que mi abuelo anda pegado a su radio, probablemente reviviendo esos momentos del proceso revolucionario de los que fue protagonista, esos que aún conserva nítidos en su fatigada memoria de 80 años.

Lulo, como le decimos familiares y amigos, es un fidelista sin “pero…”. Él no soporta esa preposición cuando se habla de Fidel Castro o la Revolución.

Abuelo dice que el “pero” es un “arma del enemigo”, que solo sirve para distraer la atención y obviar lo verdaderamente esencial: la huella y el legado del Comandante en Jefe, la resistencia, el antinjerencismo, el sacrificio, la entrega a un país, un continente y su gente.

Yo, que sí creo en el poder del “pero” para explicar el mundo con matices, hoy no me atrevo a llevarle la contraria.

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