Quieren conversar contigo

Foto: Internet

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El amor y la imaginación me estremecen al extraerlo de mi pecho. Se dirige hacia ti. Su andar, su mirada, su mano sobre tu hombro. Él desea hablar contigo antes de retornar a mi corazón. No cabe el asombro. Fidel Castro en La historia me absolverá lo había advertido:

“Mis compañeros, además, no están olvidados ni muertos: viven hoy más que nunca y sus matadores han de ver aterrorizados como surge de sus cadáveres heroicos el espectro victorioso de sus ideas”.

No voy a decirte que me agrada ser mártir. La vida me desbordaba, cascada, río, mar embravecidos: el frío especial de la cerveza, la mesa bien servida en la modestia familiar, el incendio por un cuerpo rodeado de luz, el sol al avanzar o en la despedida de la tarde, el jab lanzado entre las cuerdas, conectar el batazo decisivo para el equipo del barrio, bailar del son al bolero, decir el poema, ir con la novia al cine, imitar al orador preferido, leer alguna obra maravillosa y soñar, soñar, soñar…

No, no voy a decirte que me agrada ser mártir: el dolor de las torturas, el hedor de la maldad, presenciar el triunfo de la bestia y sufrirlo en carne propia. No actué en busca de la gloria ni para ocupar espacio en libros y folletos, al frente de un colegio o una fábrica.

Traté de rescatar a José Martí para todos los tiempos. A eso fui al Moncada. Éramos el futuro peleando en el presente: poetas, pugilistas, músicos, maestros, médicos, campesinos, fotógrafos, vendedores, obreros, periodistas, abogados…

Me destrozaron el cuerpo y el alma siguió combatiendo: disparé, construí, cultivé, doblegué montañas, elevé llanuras. Repartí letras, números, lápices, libretas, canciones. Amé espléndidamente. Me transformé: bailarín, diplomático, escritor, técnico, funcionario, científico, atleta, guerrero…

Existo porque el pueblo no ha permitido que nos maten: monto a caballo junto a Carlos Manuel de Céspedes e Ignacio Agramonte, Antonio Maceo y Máximo Gómez; creo y batallo con Julio Antonio Mella y Antonio Guiteras, Pablo de la Torriente y Rubén Martínez Villena; boxeo como Rodolfo, Giraldo y Quesada; crezco con Camilo Cienfuegos y Ernesto Che Guevara…

Volví a batirme: Girón, Argelia, El Congo, Bolivia, Nicaragua, Etiopía, Angola…; y la resistencia frente a cercos, derrumbes y cobardías en un mundo enfermo que contagia cada rincón. La indignidad trata de imponernos las garras.

¿Quieres más injusticia que ser ultimado tan joven por luchar contra la injusticia y no ser comprendido siempre? Todavía hay quien me asesina cotidianamente: con mi sangre se mancha las manos porque el lodo le recorre el pecho.

No voy a decirte que me agrada ser mártir. Dentro ti están los cuarteles principales que debes conquistar. Coincido contigo cuando ocupas un puesto en tus asaltos, hablas desde el nosotros, no te dejas ganar por la desesperanza ni por la furia de las privaciones, vences la tentación y las flaquezas, te opones a lo mal hecho venga de donde venga. No puedes dejarme morir: quiero continuar peleando.

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