
Vigilia en Bayamo al líder histórico de la Revolución cubana. Foto: Archivo Radio COCO
Sentimos como si hubiese sucedido hace solo unos días; durante más de una semana Cuba vivió una intensa y dramática jornada de luto popular.
Aunque los cubanos nos conocemos a nosotros mismos y nos sabemos mayoritariamente fidelistas y revolucionarios, no dejaron de impactarnos los hechos y las imágenes protagonizadas desde occidente hasta oriente.
Muchos en el mundo se han preguntado: ¿A qué se debe tal derroche de sentimiento hecho lágrimas y compromiso?
Una impresionante multitud de personas colmó la interminable fila ante las puertas del Memorial José Martí de la Plaza de la Revolución. Un único fin los movía, pasar ante la imagen gráfica de Fidel Castro para ofrecerle sincero tributo por su vida y obra dedicadas a ser de este un pueblo cada vez más digno, culto y virtuoso.
Con lágrimas en los ojos, flores en las manos y el corazón apretado por la tristeza y el dolor, como si cada uno de nosotros acabara de perder un familiar muy cercano y querido, cientos de miles de habaneros, homenajeamos a ese hombre que nos enseñó a sentirnos orgullosos de ser cubanos.
Se multiplicaron durante aquellos días esas imágenes a lo largo y ancho de este verde caimán. Solo en una ocasión anterior vi tantas lágrimas y tan respetuoso silencio ante un cortejo fúnebre.
Ello aconteció el 7 de diciembre de 1989 cuando ofrendamos tributo a los restos de nuestros combatientes internacionalistas caídos en otras tierras del orbe. Sellábamos así la bien denominada histórica Operación Tributo.
Ahora, como entonces, sentimos presente físicamente a nuestro Comandante en Jefe, al frente de su pueblo, enseñándonos una vez más cómo convertir el dolor en fortaleza para seguir adelante.
Lo distintivo de esta vez es que estuvimos ante la prueba de evidenciar si aprendimos bien las lecciones que durante más de medio siglo nos trasmitió la original y emotiva pedagogía del líder cubano.
La intensa jornada de más de una semana de duelo popular tras la muerte física de Fidel demostró, ante los ojos y oídos asombrados y conmovidos de Cuba y del mundo, que los de su pueblo somos dignos discípulos de quien cuyo liderazgo es heredero y depositario el partido de la nación cubana.
No hay dudas, el homenaje a su figura es una demostración de que amor con amor se paga.

Diseño: Gilberto González García
