Desde muy temprano el pueblo de La Habana se congregó a lo largo de las calles por las que pasarÃa la caravana que transporta las cenizas de Comandante en Jefe hacia su lugar de custodia definitiva, en la necrópolis Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba.
La salida del Sol los sorprendió, firmes en sus puestos a lo largo del Malecón desde la madrugada, en espera de la Caravana de Libertad que sigue el mismo trayecto de la trajo a Fidel Castro hacia La Habana en enero de 1959. Solo que esta vez transita en sentido inverso para llevar las cenizas del lÃder hasta la Ciudad Héroe.
Después de transitar por la calle 23, en El Vedado, la caravana asoma por la avenida del Malecón. Miles de personas se encuentran a ambos lados de la senda y muchos registran las imágenes para la historia.
Al paso del armón con las cenizas los militares saludan y los civiles agitan banderas cubanas y dan vivas al invicto Comandante en Jefe de la América Latina, como lo calificara el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, en su discurso en la Plaza de la Revolución José MartÃ, durante el acto de despedida al lÃder de la Revolución Cubana, este 29 de noviembre.
Pasa la caravana, rumbo al este, hacia el Sol que se levanta en lontananza, hacia la inmortalidad…
El pueblo se retira a cumplir con sus tareas cotidianas, pero llevan en sus corazones el recuerdo imborrable de haber visto por última vez al hombre que comandó las huestes que dieron al traste con la injusticia y la ignominia en Cuba cuando expulsaron de su suelo a Fulgencio Batista, el último de los tiranos.
Todos los rostros están consternados, muchas mejillas están húmedas y muchos ojos brillan más de lo común a causa de las lágrimas que pugnan por salir, algunas mujeres han roto en llanto abierto porque aquel que se va es como su mismo padre.
Algunas personas también brindan encendidas declaraciones a la prensa extranjera.


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