Fin a la tragedia de los emigrantes cubanos

Trágico ha sido el final de muchos que murieron ahogados o deshidratados, o comidos por los tiburones, e incluso asesinados por traficantes en su travesía por el Estrecho de La Florida. (Foto: http://az778189.vo.msecnd.net)

Trágico ha sido el final de muchos que murieron ahogados o deshidratados, o comidos por los tiburones, e incluso asesinados por traficantes en su travesía por el Estrecho de La Florida. (Foto: http://az778189.vo.msecnd.net)

La noticia de la eliminación de la política norteamericana de “pies secos-pies mojados” y del “parole” para el personal de salud cubano ha despertado lógico interés en los medios.

Pero alguna prensa internacional está haciendo verdaderos malabares para tratar de responsabilizar a Cuba de la situación en que ahora se encuentran los ciudadanos cubanos, a quienes sorprendió la medida mientras transitaban ilegalmente por terceros países, en su migración irregular hacia los Estados Unidos.

Esos medios apelan al sentimentalismo, dibujando la “tragedia” de quienes vendieron sus casas y bienes para financiar la aventura de atravesar el continente, violando las leyes de numerosos países y jugándose la vida, atraídos por la exclusiva oportunidad que tenían de ser admitidos automáticamente, recibir ayudas de hasta US$ 8 500 y, al año, obtener la residencia en EE.UU., con la única condición de pisar tierra de ese país y mostrar un documento de identidad cubano.

Parece bastante difícil culpar a las autoridades cubanas, las cuales nada tuvieron que ver con esa inhumana política, adoptada unilateralmente por el presidente William Clinton, en 1995, y ratificada por quienes le siguieron en la Casa Blanca hasta ayer, en franca violación del espíritu y la letra de los acuerdos migratorios bilaterales.

Durante todo este tiempo, Cuba ha denunciado ese criminal estímulo a la emigración ilegal y desordenada, a emprender travesías muy peligrosas, por mar o por tierra, incurriendo en incontables delitos y a merced de inescrupulosos traficantes de personas.

La verdadera tragedia, muchas veces silenciada o distorsionada, es la que han vivido quienes han sido víctimas de estafas, atracos, violaciones y abusos de todo tipo, a manos de los “coyotes” y otros delincuentes, a lo largo de su periplo por las selvas centroamericanas.

Trágico ha sido el final de muchos que murieron ahogados o deshidratados, o comidos por los tiburones, e incluso asesinados por traficantes en su travesía por el Estrecho de La Florida.

Y no se puede responsabilizar a Cuba de estimular esa forma irresponsable de emigrar, sino por lo contrario, de hacer el mayor esfuerzo para evitarlo.

Quienes se encuentren en mitad del camino, pueden regresar a Cuba, donde a pesar de que hayan vendido hasta la sombra y no tengan ni un centavo, no padecerán hambre y recibirán la atención médica que necesiten, lo cual es mucho más de lo que pueden esperar los emigrantes ilegales en los EE.UU.

La llamada Ley de Ajuste Cubano y la recién eliminada política de “pies secos-pies mojados”, fueron diseñadas para crear la falsa imagen de miles de cubanos “huyendo” de una supuesta persecución política, como parte de la campaña mediática de descrédito contra la Revolución Cubana.

El Gobierno norteamericano usó a esos simples emigrantes como usaban los emperadores romanos a los esclavos y prisioneros, a quienes obligaban a atravesar la arena del circo, plagada de fieras hambrientas, para ganarse el derecho a sobrevivir, si no morían en el trayecto.

Prueba de ello es que, meses atrás, las autoridades norteamericanas se negaron rotundamente a recibir de forma directa y segura a miles de cubanos varados en Costa Rica, Panamá, Colombia y Ecuador, y exigieron como condición para admitirlos que ingresaran a pie, cruzando irregularmente la frontera.

Es revelador como el alcalde de Miami, Tomás Regalado, y otros connotados enemigos de Cuba, vociferan ahora que el reciente anuncio es “el regalo de despedida de Obama a Raúl Castro”.

Son los mismos que han criticado la política de “pies secos, pies mojados”, no por su carácter discriminatorio y su estímulo a la ilegalidad, sino porque constituía una merma de la disponibilidad de potenciales agentes de la subversión dentro de Cuba.

Argumentaban que era “una válvula de escape para reducir los problemas internos” del país, pues los posibles “disidentes” la aprovechaban para emigrar y ya no les serían útiles para sus fines desestabilizadores.

Otros, como el senador Marco Rubio, abogaban por la eliminación de los beneficios económicos a los migrantes irregulares cubanos, que cuestan cientos de millones de dólares al Estado, y se quejaban de que los pretendidos “exiliados” aprovecharan la primera oportunidad para vacacionar y visitar a sus familias y amigos en Cuba, país del que supuestamente habían “escapado”.

Según el comunicado emitido por el presidente Barack Obama, desde el jueves, “los ciudadanos cubanos que intenten ingresar a los Estados Unidos ilegalmente y no califiquen para recibir ayuda humanitaria estarán sujetos a remoción, de acuerdo con la ley de Estados Unidos”.

Es cierto que Obama dejará la butaca presidencial en escasos días, pero es muy probable que el ejecutivo entrante mantenga la decisión y no revierta lo avanzado en ese aspecto, pese a sus múltiples amenazas de desandar el camino en las relaciones bilaterales.

Sin embargo, recordar que está vigente aún la Ley de Ajuste Cubano, que solo puede ser derogada por el Congreso de los EE.UU., y esta norma refrenda el carácter exclusivo y discriminatorio de la emigración cubana, frente a la del resto del mundo, y constituye una premisa para repetir, eventualmente, la situación que acaba de ser superada.

Esperemos que prime la cordura y no vuelva a haber una política de “pies secos-pies mojados”.

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