
Segunda Declaración de La Habana. Foto: Cubadebate
Concebida como una de las alocuciones más importantes y famosas de Fidel Castro Ruz, pronunciada en Cuba el 4 de febrero de 1962, la Segunda Declaración de La Habana constituye un documento de excepcional trascendencia del pueblo antillano a los de América Latina y el resto del mundo.
Este documento de profundo respeto al carácter socialista e internacionalista del proceso político cubano, con destacado énfasis en la trascendencia latinoamericana, examina las raíces históricas de los países del continente, así como el peligro que representa el imperialismo.
Después de una serie de agresiones cometidas por las bandas contrarrevolucionarias desplegadas por la Isla y financiadas por la Agencia Central de Inteligencia (Cia por sus siglas en inglés), Cuba fue expulsada de la Organización de Estados Americanos (OEA) durante una reunión desarrollada en Punta del Este, Uruguay.
En esa reunión los gobiernos latinoamericanos, a excepción de México, rompieron relaciones diplomáticas con la nación caribeña, lo que conllevó posteriormente a la Segunda Declaración de La Habana, aprobada hace 57 años por aclamación en la Asamblea General del Pueblo, reunido en la Plaza de la Revolución José Martí de la capital cubana.
A través de ella quedó patentizada la decisión de medio millón de cubanos de seguir resistiendo y construyendo el socialismo, a pesar de las dificultades y presiones que recibía por parte de los Estados Unidos.
El texto de la declaración comienza rememorando las predicciones que, en 1895, hizo José Martí cuando escribió en carta a su amigo Manuel Mercado:
“(…) ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber (…), de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso (…)”.
