
Pepe Antonio, una muestra del heorismo cubano. Diseño: Gilberto González García
Con el mismo coraje y patriotismo con que los guanabacoenses se unieron al Movimiento 26 de Julio para protagonizar junto a Fidel Castro y la Generación del Centenario una última etapa de lucha insurreccional en Cuba, así mismo, casi 200 años atrás, Pepe Antonio se puso al frente de sus hombres.
A través de una heroica carga al machete, este habanero de honor hizo resistencia a la invasión extranjera, cuando fuerzas británicas atacaron la capital cubana pretendiendo hacerla suya.
José Antonio Gómez y Pérez de Bullones era entonces el alcalde de Guanabacoa y, al iniciarse en junio de 1762 el ataque foráneo, organizó con apremio a cuanto vecino armado pudo y precedió en las arenas de Cojímar y Bacuranao a las tropas regulares enviadas por el capitán general y gobernador de la Isla.
La esforzada milicia bajo el mando del valiente jefe, con emboscadas y métodos de guerra de guerrillas, ocasionó cuantiosas bajas a los ingleses, por lo que recibió del gobernador una carta de reconocimiento.
Sin embargo, parece que sus controversias con el caracterizado como inepto y soberbio coronel español Francisco Caro, le hicieron luego la vida imposible. Cuentan que por envidia este último hizo que lo destituyeran y le quitaran el mando de buena parte de las huestes.
Entristecido ante semejante acto, se refugia en San Jerónimo de Peñalver y allí, en las ruinas de un ingenio del poblado, enferma de gravedad a causa de la peste y fallece el 26 de julio de 1762.
Decir Pepe Antonio en Cuba es sinónimo de libertad, valentía y amor al suelo patrio. Símbolo del sentimiento de pertenencia al terruño, cuando los rasgos de cubanía comenzaban a surgir en el alma de nuestro pueblo.
El Museo Municipal de Guanabacoa atesora como la pieza más valiosa, el machete utilizado por quien es recordado como el primer guerrillero cubano que tuvo a su cargo el contraataque y resistencia de la ciudad, cuando los ingleses desembarcaron en el litoral.
La acción combativa del insigne patriota lo hace a nuestros ojos un héroe de la resistencia popular contra los invasores, digno antecesor del Comandante en Jefe, quien también con una sabia estrategia de lucha logró poner el protagonismo popular en el centro de las acciones y de las victorias.
“Era necesario una arremetida final para culminar la obra de todos nuestros antecesores”, aseguró el líder de la Revolución en 1973. “Y eso fue el 26 de julio”, cerró diciendo en su discurso.
Por eso cuando defendemos a toda costa nuestra patria y honramos el ataque al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, estamos homenajeando doblemente a aquel valiente guanabacoense; primero por la coincidencia de ideales con los cubanos de hoy, y segundo, porque fue precisamente este día el que marcó para la historia la fecha de su último adiós.
