De Pepe Antonio a Fidel Castro, motivos del 26 de julio

Pepe Antonio y Fidel Castro: Dos épocas, igual patriotismo. Diseño: Gilberto González García

Pepe Antonio y Fidel Castro: Dos épocas, igual patriotismo. Diseño: Gilberto González García

Con el mismo coraje y patriotismo conque los guanabacoenses* se unieron al Movimiento 26 de Julio para protagonizar junto a la Generación del Centenario, la última etapa de lucha insurreccional en Cuba, sumándose a aquella epopeya que se puso en marcha el 26 de julio de 1953, con los asaltos a los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, así mismo casi 200 años atrás, otro guanabacoense se había puesto al frente de sus hombres y con una heroica carga al machete hizo resistencia a la invasión extranjera, cuando fuerzas británicas atacaron la capital cubana para hacerla suya.

Tal respuesta, desde la después llamada Villa de Pepe Antonio, fue seguro alimento, entre otras simientes de nuestra historia patria, para la acción libertaria encabezada por Fidel Castro e inspiración para lo que después del triunfo revolucionario, se erigiera como una organización cívico-militar de Cuba, con el objetivo de defender la Revolución naciente, las Milicias Nacionales Revolucionarias.

Aquel héroe del cual se enorgullecen aún los habaneros, no fue otro que Pepe Antonio, o José Antonio Gómez y Pérez de Bullones, a quien coincidentemente rendimos homenaje en el aniversario de su fallecimiento cada 26 de julio, porque la historia quiso unir en esta fecha dos hechos memorables que merecen tributo.

Pepe Antonio nació el 10 de diciembre de 1704 en el seno de una familia pudiente, avecindada desde mediados del siglo XVII en la zona habanera de Guanabacoa. Según sus contemporáneos, desde muy niño sobresalió por su fortaleza física. Jinete y cazador experto, bien pronto se decidió por los asuntos militares.

En 1762 era alcalde provincial de Guanabacoa y al comenzar el ataque británico, en junio de ese año, organizó con apremio a cuanto vecino armado pudo y precedió en las arenas de Cojímar y Bacuranao a las tropas regulares enviadas por el capitán general y gobernador de la Isla, Juan de Prado Portocarrero Maleza y Luna.

Lo cierto es que, de los diferentes destacamentos armados, participantes en la defensa de La Habana durante la referida agresión inglesa, fueron las milicias que así se formaron, pese a su limitado adiestramiento, las que libraron el papel más diligente.

Tal es el caso de la esforzada tropa bajo el mando del valiente jefe guanabacoense, quien por razón de emboscadas y métodos de guerra de guerrillas, ocasionó cuantiosas bajas a los ingleses, por lo que incluso recibió del gobernador Prado una carta de reconocimiento.

Sin embargo parece que sus controversias con el caracterizado como inepto y soberbio coronel español Francisco Caro, le hicieron la vida imposible. Tal vez la envidia del receloso coronel hizo que se le destituyera y le quitaran el mando de buena parte de las huestes que el regidor de Guanabacoa había agrupado por su liderazgo, lo que dio lugar a que, entristecido, Pepe Antonio dijera que se iba a pelear solo y unos días después, en las ruinas de un ingenio del poblado de San Jerónimo de Peñalver, enfermó de gravedad a causa de la peste y falleció el 26 de julio de 1762.

Decir Pepe Antonio es, en Cuba, sinónimo de libertad, valentía y amor al suelo patrio. Símbolo del sentimiento de pertenencia de este hombre a su terruño cuando los rasgos de cubanía iban surgiendo en el alma de nuestro pueblo.

El museo municipal de Guanabacoa atesora como la pieza más valiosa el machete utilizado por quien es recordado como el primer guerrillero cubano, que tuvo a su cargo el contraataque y resistencia de La Habana, cuando los ingleses desembarcaron en el litoral de la ciudad.

La acción combativa del insigne guanabacoense lo hace, a nuestros ojos, un héroe de la resistencia popular contra los invasores, digno antecesor de Fidel Castro, el hombre que pasados casi dos siglos después de aquella contienda, decidiera el destino de su país con otra acción heroica y una sabia estrategia de lucha que logró poner el protagonismo popular en el centro de las acciones y de las futuras victorias, y salvó a Cuba para siempre de la garra imperial.

Era necesario, como asegurara Fidel en 1973, una arremetida final para culminar la obra de nuestros antecesores, y esa fue el 26 de julio.

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*Guanabacoense: Residente en la localidad de Guanabacoa, en el norte de la ciudad de La Habana, uno de los más antiguos asentamientos poblacionales extramuros de la villa de San Cristóbal. Hoy Guanabacoa es municipio (Nota del editor).

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