Haydée Santamaría y su legado a las nuevas generaciones

Diseño: Yelemny Estopiñán Rivero

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En estos días cercanos a los hechos históricos del 26 de julio viene a la mente una figura que trascendió en la historia del país por sus valores humanos, derroche de valentía y fidelidad sin límites a la causa revolucionaria liderada por Fidel Castro. Ella es Haydée Santamaría (1926-1980).

En su libro Perfiles, que cuenta con 41 retratos de personalidades cubanas que ya no están, el Doctor Armando Hart Dávalos acerca a los lectores a la vida de quien con razón es considerada junto a Melba Hernández, heroína del Moncada, de la sierra y el llano.

Cuenta el autor sobre su nacimiento en el entonces central azucarero Constancia, Encrucijada, antigua provincia de las Villas: “sus padres, españoles vinieron niños aun a Cuba, donde se conocieron y casaron. Tendrían cinco hijos. Tres hembras y dos varones.

“Haydée fue la mayor de todos, y pronto da muestras de un carácter original y enérgico, una gran alegría de vivir y un genio vivo que es difícil de doblegar, pero que ella sentirá que se aviene a las severas exigencias de quien no tarda en despuntar como la figura señera de la casa: su hermano Abel”.

En otra parte de su texto Hart Dávalos cuenta que no era entonces muy amplio el horizonte del batey donde residían, ni siquiera para esa familia de la pequeña burguesía rural. “Haydée ha de asistir a la escuelita donde un maestro atiende todos los grados. Pero allí recibirá una de las primeras grandes experiencias de su vida: aquel maestro lo es de veras, y no solo le enseña las cosas habituales, sino que le hace ver que, en realidad, ellos no viven allí, sino en todo un país, con una hermosa historia de luchas y sacrificios”.

Más adelante precisa: “Los nombres de Céspedes, Agramonte y Maceo suenan en su boca con extraña fascinación. Y en especial el de aquel hombre que escribió también para los niños, y era hijo de españoles, y murió por Cuba: José Martí. En la escuela, Yeyé – como la llaman- sabrá que es cubana, y lo que ello significa”.

En el libro Hart cuenta asimismo que años después Abel se traslada a La Habana en búsqueda de mejores oportunidades: “y pronto está con él su entrañable Haydée. Aunque aquel obtiene un trabajo bien remunerado, y viven en un apartamento decoroso en un sitio céntrico de la ciudad -25 y O, en El Vedado-, ambos se sienten insatisfechos con la situación del país”.

“Son años de robo de los fondos públicos, de auge del gangsterismo, de división del movimiento obrero, de sumisión a los designios imperiales: Carlos Prío Socarrás gobierna la maltrecha república neocolonial”, dice en uno de sus párrafos el volumen.

“A Haydée y Abel los atrae la denuncia implacable de la realidad política que hace Eddy Chibás, y su consigna Vergüenza contra dinero. Pronto militan en las filas de la juventud ortodoxa. Se reúnen con otros jóvenes trabajadores, que como ellos, sin dejar de abordar alegremente la vida, creen que el país está urgido de una profunda renovación”.

El golpe de estado batistiano se produce el 10 de marzo de 1952. Los hermanos se cuentan entre los primeros que toman medidas concretas contra el golpe. “Junto a otros compañeros editan Son los Mismos, periódico mimeografiado clandestino, a la vez que realizan una intensa tarea de agitación”.

“Una tarde Abel llega a la casa con un nuevo compañero, y no le oculta a Haydée su entusiasmo por haberlo encontrado. Es Fidel Castro. En lo adelante, los momentos más altos de la vida de la joven no pertenecerán solo a su biografía sino a la historia de Cuba”.

“Allí empieza a encenderse la llamarada de la Revolución. A la casa de Abel y Haydée van jóvenes como el poeta y maestro Raúl Gómez García; Jesús Montané; Ernesto Tizol; Boris Luis Santa Coloma, quien fuera novio de Haydée. Conspiran, planean, discuten y estudian. La figura de Martí, cuya devoción Haydée aprendió en la escuelita del batey adquiere nueva resonancia. En su obra, esos jóvenes encuentran estímulos y lecciones para la lucha”, afirma Hart.

“Cuando están decididos el lugar y la fecha del combate inicial, y es necesario que Fidel y Abel escojan a un puñado de hombres aguerridos para realizarlo, dos mujeres estarán entre ellos: Haydée y la joven abogada Melba Hernández”.

El combate es el Moncada -dice Hart en el texto y prosigue-: “Muchas veces se han descrito sus preparativos inmediatos, sus horas decisivas, los días sangrientos que siguieron a aquel revés del que nació la victoria. Existen muchos relatos de los hechos. Y por esos relatos pasa siempre la figura activa, delicada y recia de Haydée”.

Decisiva fue su presencia en hechos trascendentales como el juicio del Moncada donde dio fe de los sucesos atroces ocurridos, de manera serena y firmemente ante los jueces. Además, en la edición y distribución de La Historia me Absolverá, alegato político de Fidel. Participó activamente en la lucha clandestina y la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio.

Al triunfar la Revolución en 1959 cumple importantes tareas en diferentes frentes, entre estos, la dirección de la Casa de las Américas hasta su muerte en 1980 dejando a las nuevas generaciones de cubanos el legado de su vida plena de heroísmo y dignidad.

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