Mi infancia era de un niño pobre, mi padre era comunista y obrero, no teníamos derecho a la vida en aquel momento.
Con lágrimas en los ojos nos describe Ernesto González Campos su infancia que desde un 24 de marzo de 1931 sintiera en carne propia el hambre y la miseria que vivía la Cuba de aquel entonces bajo el régimen de la tiranía batistiana.
Hijo legítimo del reparto Calabazar y de procedencia muy humilde, a duras penas se vio obligado a cambiar su cuartilla de sexto grado por los instrumentos de zapatero. Su padre, un obrero consagrado y comunista de corazón siempre inculcó en sus hijos ese sentimiento de amor a la patria que incentivó a este joven con solo 16 años ingresar en las filas del movimiento revolucionario.
“Allí, en aquella época, fuimos conociendo las proyecciones de Fidel, nos gustó como hablaba, como se dirigía hacia nosotros. Una vez veníamos de Calabazar para acá y pasamos por una finca que se llamaba “Finca América” que era propiedad de José Manuel Alemán, que fue Ministro de Educación en el gobierno de Grau San Martín, y nos dijo: cuando triunfemos, cuando nuestras ideas avancen esa finca y esas tierras las vamos a repartir entre los campesinos. Y eso me chocó más porque precisamente eso era lo que yo le oía a los comunistas, reforma agraria, reforma de enseñanza. Todas esas cosas me fueron fortaleciendo cada día, conociendo más a Fidel, conociendo más sus ideas. Las mismas que me llevaron a creer más en él.”
Largas fueron las charlas para el reclutamiento de fuerza joven y largas las horas de entrenamiento militar a la que estuvo sometido Ernesto, quien contaba entonces con años de edad y era parte de todo este proceso junto a un grupo de combatientes de su célula radicada en Calabazar, reparto del municipio de Boyeros al sur de la capital les fueron asignada la tarea de Asaltar el Cuartel Moncada.
“Nosotros pertenecíamos a una célula que la dirigía el compañero Pedro Trigo y allí íbamos a la universidad a entrenar. Primero entrenábamos y luego fuimos entrenadores de pistola de alguno de los compañeros que se iban incorporando. Esas eran las armas que poseía el ejército y aprendimos a manejarlas para cuando atacáramos tomarlas y ya sabíamos manejarlas, no íbamos a improvisar tirando con ellas debido a que podría producirse algunos errores y heridos pero no.”
A 61 años del Asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, Ernesto González Campos a sus 83 años siente con orgullo que su frustración de ser médico no quedó en vano. Camina tranquilo las calles de su vecindario natal El Globo, reparto Calabazar rodeado de vecinos y amigos que lo quieren y lo cuidan.
“Hoy ya nosotros no somos dependientes de Estados Unidos ni de nadie. Y tenemos el privilegio de que un niño de tres y cuatro años ya saben trabajar en una computadora que yo no sé andar todavía en ella. Y me da un regocijo muy grande, no pudimos cumplir nuestros deseos, yo deseaba ser médico, mi sueño desde niño era ser médico pero era el hijo de un muerto de hambre, de un trabajador que no podía pagarme los estudios.”
“Hoy los niños, los hijos del más humilde trabajador de este pueblo puede ser y estudiar lo que quiera. Eso nos da todavía impulso para seguir luchando.”


