Celia Sánchez, la flor más autóctona de la Revolución Cubana

Foto: Radio Rebelde.

Foto: Radio Rebelde.

En la vida cotidiana de los cubanos en general y de los habaneros  específicamente prevalece, con matices especiales, la presencia de Celia Sánchez Manduley.

Varias generaciones de los nacidos en esta Isla atesoramos la imagen de aquella mujer delgada y menuda, cuya fuerza en el alma y en la mente impresionaba a todos.

Sánchez Manduley trascendió, especialmente, por su profundo humanismo y su fidelidad probada hacia Fidel Castro, evidenciada tanto en la clandestinidad como en la comandancia del Ejército Rebelde y luego del triunfo del primero de enero de 1959.

Durante la mayor parte de su vida, hasta el último aliento, aportó desde su cercanía al Comandante en Jefe, convirtiéndose en su mano derecha, de manera especial en el tratamiento a las inquietudes de la población, que ella respondía personalmente.

Gracias a que guardó con cuidado inusitado documentos fundacionales elaborados en la Sierra Maestra, se preservó lo que sería el germen de la actual Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.

Sitios emblemáticos como el Parque Lenin y la heladería Coppelia conservan hermosas obras escultóricas con su imagen.

Ellas fueron creadas como justo homenaje a su protagonismo, encausado por encargo del líder histórico de la Revolución cubana, durante la fase constructiva de esas importantes instituciones para el esparcimiento, las que han devenido en símbolos de la capital cubana a escala universal.

Celia Sánchez fue denominada por Fidel Castro como “la flor más autóctona de la Revolución”, debido a su intensa vida revolucionaria, el profundo sentimiento y accionar martiano, así como por su peculiar sensibilidad en atención a los humildes.

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