
Monumento a Celia Sánchez. (Foto: lademajagua.cu)
“Celia la de Pilón, desde su pura niñez amó las flores de su tierra, quiso ser una orquídea de la Sierra y fue modestia, sencillez, ternura. Estrella que alumbró la noche oscura, en los días sangrientos de la guerra, no es un silencio que el sepulcro encierra sino una idea viva que fulgura. Por sembrar sus orquídeas clandestinas el sacrificio coronó de espinas en la llanura, su cabeza indiana. Pero por endulzar graves dolores, en su tumba de dulce capitana todos los días amanecen flores.”
Jesús Orta Ruiz, el inolvidable Indio Naborí, escribió los anteriores versos dedicados a Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley, la Norma clandestina, Aly la guerrillera.
Nació Celia en Media Luna, Manzanillo, en 1920. Hija de Manuel Sánchez Silveira y Acacia Manduley Alsina. Fue fundadora y dirigente del Movimiento 26 de julio en el territorio oriental, creando previamente las condiciones necesarias para el desembarco del yate Granma en las costas cubanas.
La guerrillera creció en un hogar donde se veneraba a los próceres de la patria; su padre los llevaba a ella y sus hermanos a sitios históricos como San Lorenzo, Peralejo y Dos Ríos; los estimulaba a leer La Edad de Oro y los Versos Sencillos; cada vez que visitaban La Habana, iba con ellos a la Casa Natal del Apóstol, y les convocaba a palpar el pasamanos: “Por ahí pasó su mano Martí”, les decía.
Su padre fue médico y desde pequeña estuvo influenciada por su pensamiento martiano. En 1953, al cumplirse el centenario del nacimiento del Apóstol, subieron hasta lo más alto del Turquino para colocar un busto del Maestro, creado por la escultora Jilma Madera.
A Celia siempre la rodeó un contexto de dicha infantil, en el que tuvo extraordinaria importancia la formación familiar que recibió de sus padres, en la que tuvieron mucho que ver tanto la personalidad del padre, como el carácter de la madre, alegre y cordial. Ambos poseían, además, los preciados dones de la indulgencia y la bondad.
Recibió una educación exenta de dogmatismos religiosos y de cualquier otra índole de convencionalismos. Comenzó la enseñanza primaria a los siete años, en una pequeña escuela privada donde enseñaban básicamente lenguaje y aritmética. Estudió en esta escuela hasta que se mudó para Manzanillo, donde ingresó en cuarto grado en la escuela pública de Pueblo Nuevo. Paralelamente a la educación primaria y junto a su hermana Flavia, tomó clases de piano, durante unos tres años.
Después del golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, Celia se involucró con varias organizaciones de perfil insurreccional. Manuel Echevarría, fundador del Movimiento 26 de Julio le puso en contacto con Frank País, y Celia quedó integrada al movimiento dirigido por el líder de la Revolución Cubana Fidel Castro.
En el Movimiento nunca ocupó cargos directivos, aunque asumió tareas relevantes. Con su nombre de guerra, Norma, devino figura fundamental en los días de los preparativos de la expedición del Granma y del inicio de la lucha guerrillera en la Sierra Maestra.
Organizó una red de colaboradores campesinos en las cercanías de donde debía desembarcar la expedición dirigida por Fidel, que resultó fundamental para la continuidad de la lucha.
En los momentos más difíciles de la guerrilla, en febrero de 1957 marchó al encuentro de esta en compañía de Frank País, Faustino Pérez y otros miembros de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio para coordinar el apoyo desde el llano, y guiar al periodista del New York Times, Herbert Matthews ante la presencia de Fidel.
La publicación de la entrevista que el periodista hiciera al líder de la guerrilla echaría por tierra la propagada batistiana basada en la supuesta muerte de Fidel. A finales de abril volvería a subir a la Sierra guiando al periodista norteamericano Bob Taber, quien deseaba entrevistarlo.
El 28 de mayo, como integrante del pelotón de la comandancia, combatió en El Uvero. Fue la primera mujer que ocupó la posición de soldado combatiente en las filas del Ejército Rebelde.
Pocos días después de esa acción, Fidel la envió de nuevo al llano con importantes encomiendas. Esta resultó la etapa de mayor peligro, pues a la persecución contra ella se sumó la traición de un expedicionario del Granma, quien delató a muchos de los colaboradores del Movimiento.
Hasta mediados de 1957 Celia utilzó los seudónimos de Lilian, Carmen y Caridad. El 18 de julio de ese año, en un mensaje de Frank a la Sierra, apareció el nuevo nombre de guerra de Celia: Aly. Sin embargo, estaba tan enraizado el seudónimo de Norma, que le continuó llamando así en misivas posteriores.
En una carta enviada por los guerrilleros de la Sierra Maestra a Frank País estos patentizaron el papel vital de Celia durante la guerra, cuando escribieron: “En cuanto a la Sierra, cuando se escriba la historia de esta etapa revolucionaria, en la portada tendrán que aparecer dos nombres: David y Norma.”
Celia tuvo un papel destacado en la creación, el 4 de septiembre de 1958, del batallón femenino Mariana Grajales, que operaba en la zona de La Plata, Sierra Maestra, como apoyo a la retaguardia guerrillera. Este hecho demostró que las mujeres cubanas también podían ocupar posiciones de combatientes guerrilleras en los combates del Ejército Rebelde contra las fuerzas militares de la tiranía batistiana.
Celia asumió importantes tareas y responsabilidades y fue participante activa de los momentos más trascendentales de la Revolución Cubana, de todas las actividades relevantes y las obras más significativas emprendidas después del triunfo del primero de enero de 1959. En una ocasión el líder histórico de la Revolución Fidel Castro la llamó la flor más autóctona de la Revolución, definición exacta para quien fuera una mujer de excepcionales condiciones.
Fue secretaria del Consejo de Estado, diputada al Parlamento, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y de la Dirección Nacional de la Federación de Mujeres Cubanas. Durante la Guerra de Liberación Nacional se dedicó a recopilar toda la documentación de la lucha en la Sierra Maestra, posibilitando la creación de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, en 1964.
No hubo problema por resolver, en el que interviniera, que no lo hiciera con modestia, decisión y también con ferviente pasión revolucionaria. Falleció la heroína de la sierra y el llano el 11 de enero de 1980, dejando a las nuevas generaciones una estela de amor y humanismo.

